Un estudio de Mayo Clinic muestra que el equilibrio —más que la fuerza muscular o la velocidad al caminar— es el indicador más sensible del envejecimiento. Y se puede entrenar sin salir de casa.
Pararse sobre una pierna durante 10 segundos puede parecer una prueba sencilla o hasta trivial. Sin embargo, detrás de ese pequeño desafío se esconde una herramienta poderosa para entender cómo envejece nuestro cuerpo. Así lo señala un artículo reciente de National Geographic, basado en investigaciones de la Clínica Mayo y la experiencia de expertos en fisioterapia y neurociencia.
El equilibrio, más que la fuerza muscular o la velocidad al caminar, es un indicador certero del envejecimiento neuromuscular. Según el estudio, esta capacidad no solo refleja el estado de músculos y articulaciones, sino también de órganos como el oído interno, la vista e incluso el cerebro.
Un estudio de Mayo Clinic muestra que el equilibrio —más que la fuerza muscular o la velocidad al caminar— es el indicador más sensible del envejecimiento. Y se puede entrenar sin salir de casa.
La capacidad para mantenernos de pie sobre una sola pierna —sobre todo la no dominante o hábil— es el signo temprano y contundente del deterioro neuromuscular asociado a la edad, según una investigación estadounidense publicada en la revista Plos One.
El estudio incluyó a 40 adultos sanos e independientes, mayores de 50 años, divididos en dos grupos: menores y mayores de 65 años. Los investigadores midieron su fuerza de agarre, fuerza de rodilla, marcha y equilibrio estático en distintas posturas. En todos los casos, se usaron instrumentos precisos como plataformas de fuerza y cámaras de captura de movimiento.
De todo lo evaluado, la capacidad de sostenerse sobre una pierna mostró el mayor deterioro con el paso de las décadas. En particular, el tiempo de equilibrio sobre la pierna no dominante disminuyó a un ritmo de hasta 2,2 segundos por década, más que cualquier otro ejercicio.
Aunque el estudio se enfocó en mayores de 50 años, los expertos aclaran que los sistemas involucrados en el equilibrio —visión, propiocepción, coordinación neuromuscular— empiezan a deteriorarse lentamente a partir de los 40. Este cambio suele pasar desapercibido, especialmente en personas con vidas sedentarias.
En lo que respecta a la fuerza de agarre y rodilla también se redujo con la edad, pero en menor proporción. y la marcha —cuando se realizaba a un ritmo natural— no mostró diferencias significativas entre los grupos etarios.
Además, no se observaron diferencias por sexo: hombres y mujeres presentaron la misma velocidad de declive en todas las pruebas, lo que refuerza el valor universal de entrenar el equilibrio.
¿Por qué esta prueba tan simple o sencilla habla del envejecimiento? Porque el equilibrio en realidad es una habilidad compleja que integra señales de la vista, el oído interno, los músculos, las articulaciones y el cerebro. Cuando uno de estos sistemas comienza a fallar, el cuerpo lo delata en segundos.
Pero la mejor parte del estudio, es que los autores remarcan que el equilibrio es una habilidad que se puede entrenar y mejorar, además de que ayuda a contrarrestar los efectos del paso del tiempo.
