Qué son los bonos de carbono y cómo funciona su particular mercado

Telemundo consultó a un experto en temas ambientales para saber cómo funcionan. 

Se empezó a hablar de bonos de carbono por primera vez en 1997.

El protocolo de Kyoto fue un acuerdo internacional que buscaba frenar las emisiones de carbono por parte de los países.

En simples palabras, un bono de carbono es un certificado que una empresa o país puede emitir en base a la captura o disminución de gases con efecto invernadero y venderlo.

El tema fue abordado por la prensa local cuando se conoció la noticia de una empresa ganadera australiana que con técnicas de rotación de pastoreo, capturó unas 40 mil toneladas de dióxido de carbono. Eso lo certificó y se lo vendió a Microsoft por 500 mil dólares.

El tema está en la vuelta hace tiempo, pero no tiene regulación internacional.

Hay empresas que asesoran a privados y eso es una buena noticia porque nos prepara para algo que podría llegar.


Se estima que si para 2050 el mundo no logra disminuir sus emisiones de carbono, el calentamiento global producirá cambios climáticos irreversibles afectando la biodiversidad del planeta.

Es por eso que en medio de todas las discusiones y compromisos internacionales para frenar las emisiones de gases con efecto invernadero, apareció un nuevo actor: el bono de carbono.

"Un bono de carbono es un certificado que establece que hubo una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, medido en toneladas, o que hubo una remoción de la atmósfera o un secuestro de carbono equivalente a una determinada cantidad", explicó  Walter Oyhantçabal, especialista en cambio climático y ciencias ambientales.

Oyhantcabal explicó a Telemundo que este certificado permite que las capturas o reducciones de gases que generan una empresa o un país puedan ser comercializadas a otras empresas o países.

En la actualidad existen dos mercados, uno regulado y otro voluntario. El regulado se inscribe en acuerdos internacionales y el voluntario se da entre empresas que quieren compensar su contaminación con la compra de bonos.

"Por el mero hecho de reducir emisiones o de secuestrar carbono a uno no le pagan. A uno le pagan si demuestra que hizo algo más allá de lo que hubiera hecho de todas maneras", sentenció Oyhancabal.

Hasta la fecha, el mercado de carbono no está regulado ni tiene sus reglas claras, por eso es muy volátil.

Lo que sí existen son empresas que por responsabilidad empresarial, ética o porque quieren promocionar sus productos como “amigables con el ambiente”, deciden avanzar hacia una neutralización de sus emisiones. Pero como no lo logran van al mercado y adquieren certificados de otra empresa que sí redujo emisiones. Los compran y los utilizan para su contabilidad. Es decir que una empresa puede figurar como amigable con el ambiente, pero en realidad solo está comprando estos bonos emitidos por empresas que sí son responsables con la gestión de su contaminación y venden ese activo.

¿Entreverado? Lo es. Por eso Oyhantçabal cree que Uruguay debería poner sus esfuerzos en seguir avanzando en la producción de alimentos y fibras con bajo impacto ambiental, que contribuyan a disminuir el cambio climático y cuidar la biodiversidad sin preocuparse mucho por los bonos.

Esto, dice el experto, generaría un valor agregado a la marca país y nos diferenciaría dentro de mercados y clientes cada vez más exigentes.

Lo cierto es que para conocer el verdadero impacto que el mercado de carbono va a tener en los próximos años habrá que esperar nuevas resoluciones internacionales.