La ciencia sí puede seguir avanzando o explorando algunos caminos que si bien no están directamente relacionados con un trasplante de cerebro, esbozan algunas líneas en esa dirección.
Para algunos científicos, el cerebro es el objeto más complejo del universo. Allí, en esa misteriosa e inaccesible masa encefálica se suceden millones de conexiones por segundo que controlan el cuerpo y la conciencia humana.
Los avances en el campo de la neurociencia en las últimas décadas son sorprendentes y hoy sabemos más del cerebro de lo que nunca antes supimos. Pero a pesar de estos progresos, la idea de trasplantar el cerebro de un cuerpo a otro cuerpo sigue estando más cerca de la ciencia ficción que de la realidad.
La razón es bastante concreta: no solo no terminamos de entender en su totalidad cómo funciona el cerebro, sino que tampoco ningún investigador consiguió conectar el nuevo órgano con la médula espinal del cuerpo receptor. Es que recomponer toda esa maraña de circuitos aún no está al alcance de los seres humanos.
Pero esto no es todo, hay otras preguntas bastante inquietantes al respecto. Por ejemplo, ¿qué pasaría con todos los recuerdos, con todas las emociones o con todo lo aprendido? Por ahora parecería que nadie tiene las respuestas.
No obstante, la ciencia sí puede seguir avanzando o explorando algunos caminos que si bien no están directamente relacionados con un trasplante de cerebro, esbozan algunas líneas en esa dirección.
Por ejemplo, los estudios que manifiestan la capacidad de nuestro cerebro de remodelarse. Esto se conoce como plasticidad, y es la capacidad de este órgano de adaptarse a nuevas circunstancias generando nuevas conexiones entre sus neuronas y eliminando aquellas que ya no le contribuyen. A su vez, esto le permite recuperarse de una lesión cerebral.
Lo mismo sucede con la creación de nuevas neuronas. Según un artículo publicado en la revista The Conversation, “nuestro cerebro contiene células madre que generan nuevas neuronas cada día. Este proceso se conoce como neurogénesis y su descubrimiento revolucionó la neurociencia”. Pero también se puede dar a nivel clínico con trasplantes de neuronas, algo que se prueba con éxito en algunos casos para tratar enfermedades neurodegenerativas como el párkinson.
De todas formas, no son tratamientos estandarizados y quedan varios problemas por resolver, según apuntó The Conversation. Fuentes accesibles de neuronas para trasplantar, conseguir que estas células sobrevivan luego del implante, y orientarlas para que se conecten correctamente con las neuronas vecinas son apenas algunos de los desafíos que la ciencia tiene por delante.
