"Nos interesa muchísimo que el pueblo uruguayo pueda convivir con nosotros en esta fiesta tan importante para los mexicanos", explicó el embajador Víctor Manuel Barceló Rodríguez.
Las celebraciones de Día de Muertos en México significan la fecha más importante del año porque representan el reencuentro espiritual con los familiares y amigos ya fallecidos, desde la inolvidable separación física en los panteones.
La Embajada de México en Uruguay organiza distintas actividades para dar a conocer su cultura. En el Mercado Ferrando y en la Intendencia de Montevideo se inauguran este miércoles dos altares que están decorados con muchos colores, elementos tradicionales, además de comidas y bebidas típicas.
Uno de ellos está dedicado a la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), que como no pudo continuar con sus estudios por las limitaciones de la época tomó los hábitos para seguir estudiando y se convirtió en una destacada exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.
"Nos interesa muchísimo que el pueblo uruguayo pueda convivir con nosotros en esta fiesta tan importante para los mexicanos. Nosotros en estos altares mostramos nuestro cariño, amor y recuerdo a los seres queridos que ya se fueron y conversamos con ellos", explicó a Telemundo el embajador mexicano en Uruguay Víctor Manuel Barceló Rodríguez.
En los panteones mexicanos la gente va a la tumba de los seres queridos, la limpia perfectamente, lleva flores, velas, la comida que comía el fallecido y los licores que le gustaba tomar, añadió Barceló.

Los altares, donde se colocan las ofrendas, tienen alturas de entre 3 a 5 metros, además de estructuras piramidales, que están forradas o decoradas con tela blanca y brillante, con pliegues que dan forma a toda la construcción.
Los niveles son amplios y en ellos se coloca fruta, pan, comidas y bebidas que le gustaba al difunto, además de imágenes de niños o ángeles que custodian el altar, un espejo, agua, sal, flores y veladoras.
La devoción de los familiares por esperar el regreso de sus seres queridos en el Día de Muertos hace que coloquen en la ofrenda todo aquello que les gustaba en vida, así como sus pertenencias. Según la tradición, en el primer piso, que se refiere al mundo terrenal, se coloca la fotografía del fallecido, que debe reflejarse en un espejo, porque su alma no puede verse directamente en él.
El segundo nivel representa el cielo, donde se coloca la imagen religiosa de la Virgen Guadalupe y ángeles, rodeadas de satín blanco con pliegues que semejanza las nubes. En el tercer y cuarto niveles se representa la cúspide celestial donde se coloca un crucifijo que preside desde lo alto toda la estructura.
Para el embajador de México es muy importante poder seguir con esta cultura y, sobre todo, relacionarse con los uruguayos de manera que puedan entender esta tradición.
Por su parte, Jorge Hernández, agregado cultural de la embajada, se refirió a los altares que decidieron exponer con este objetivo y a la simbología que exponen a través de éstos. Por ejemplo, las flores de cempasúchil, que marcan el camino para que las almas sepan a qué altar se van a dirigir para comer la comida que les dejan.
En la tarea de colocar todo lo que gustaba al fallecido, Hernández contó que "algunos colegas uruguayos le dejan hasta el mate". En este sentido, subrayó: "Es parte de esa creencia de que al menos por hoy las almas de manera transitoria vuelven, están con nosotros un tiempo y disfrutan aquello que en vida les encantaba".
Las bebidas, como el tequila, o el pan de muerto, una panificación azucarada con sabor a "flor de naranja", también son otros elementos tradicionales, concluyó.
Con información de EFE
