La primera historia de conquista imposible que aparece en el libro de Ana Laura Lissardy es la de gimnasta olímpica rumana, primera en obtener un 10 perfecto en los Juegos Olímpicos.
Nadia Comaneci: Los pies de los cárpatos
A algún lugar del norte llega una golondrina y empieza a hacer su nido para el verano. Quizás aquí mismo, en una viga de este edificio de Oklahoma City, en el sur de Estados Unidos. Pero acá abajo nadie se entera. En esta sala repleta de exgimnastas medallistas olímpicos, todos están concentrados en una mujer que habla frente al micrófono.
-Quiero compartir con ustedes la razón por la que amo tanto nuestro deporte: nos enseña cómo caer- es Vera Caslavska, checa, setenta años. Siete medallas de oro entre Tokio 1964 y México 1968.
Nadia sabe de lo que habla. Nadia Comaneci, la mejor gimnasta del siglo XX, la rumana que obtuvo el primer 10 perfecto de la historia en ese deporte, la escucha como si no existiera más nada en el mundo. Enfocada en ese instante, como ha hecho siempre en su vida. Está sentada, con su metro sesenta y dos, en la primera fila de mesas, junto a su histórico entrenador, Béla Károlyi.
Tiene cincuenta años y un vestido de lentejuelas rosa que la hace parecer de cuarenta. El chicle que masticaba fue a parar a alguna servilleta o a un tacho de basura, y la lata de cerveza reposa junto a su plato, al lado de las copas de champaña y vinos caros de los otros comensales...
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En 35 páginas de "Contra viento y marea" Ana Laura Lissardy explora la vida de una mujer que marcó la infancia de muchos. Una mujer que creció viendo caminar a su padre diecinueve kilómetros todos los días para poder llegar a su trabajo. Una mujer que cuando tenía nueve años se cayó tres veces en pleno Campeonato Nacional de Rumania, y que a partir de ese fracaso construyó sus victorias.
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