Hoy, ambos integran la selección uruguaya de fútbol de amputados y se preparan para disputar el Mundial de México en noviembre, aunque todavía necesitan reunir unos 12.000 dólares para poder viajar.
Hay momentos que cambian el rumbo, pero también caminos que se vuelven a construir. Florencia Núñez y Luciano Varela encontraron en el fútbol una forma de volver a empezar, de descubrir todo lo que eran capaces de lograr y de animarse a mirar hacia adelante. Hoy, esa historia los lleva hasta la Celeste y hacia un Mundial.
Florencia tenía un año y medio cuando le diagnosticaron cáncer y perdió una de sus piernas. No recuerda aquel momento, pero sí muchas de las etapas que vinieron después.
“Lo más difícil para mí siempre fue el tema de mostrarme. Con o sin prótesis. El miedo a lo que iban a decir, a las preguntas, a los comentarios”, contó.
A Luciano, el cambio le llegó muchos años después. En 2018 sufrió un accidente de tránsito que le lesionó una arteria de la pierna derecha. Después de seis operaciones, los médicos tuvieron que amputarle la pierna.
“Los primeros momentos fueron un golpe muy grande. Yo jugaba al vóley en ese momento y había jugado al fútbol toda mi vida. Pero tuve el apoyo de mi familia, de mis amigos”, recordó.
La recuperación también significó aprender de nuevo cosas que hasta entonces hacía sin pensar. “El momento más difícil fue pararme, poder ir al baño. Todo eso que antes hacías sin pensar, de repente tenías que aprenderlo de nuevo”, explicó.
En medio de ese proceso, cuando todavía estaba aprendiendo a convivir con su nueva realidad, Luciano recibió un mensaje de Florencia.
“Flor me escribió a los cuatro o cinco días de la amputación. Me dio para adelante”, recordó.
Ella quería darle fuerzas, pero aquel mensaje terminó cambiando también su propio camino. “Yo le escribí para darle fuerzas a él y terminó siendo él quien me motivó a mí también”, contó Florencia.
Unos meses después, Luciano comenzó a entrenar fútbol para amputados. Buscó información, llegó a su primera práctica y volvió a enfrentarse con una cancha que durante un tiempo había preferido no mirar.
“Yo, por ejemplo, tuve casi dos meses que no miraba fútbol. La verdad me dolía mucho”, relató. Pero volver a practicarlo fue un impulso: “Poder volver a practicarlo siento yo que fue un empujón”.
Y Florencia estuvo desde el comienzo de ese nuevo camino. “Inició el fútbol por él en 2018. Le escribí ese mensaje y a las semanas el hombre ya estaba parado en los bastones entrenando”, recordó.
En esa cancha también hizo historia. Florencia es la única mujer que integra el plantel de la selección uruguaya de fútbol para amputados. Fue, además, la primera mujer en jugar un Mundial de esta disciplina y la primera en marcar un gol.
“Siempre recibí el respeto, el espacio. Nunca me sentí incómoda para nada”, aseguró.
Para ambos, el deporte terminó significando mucho más que volver a competir. “El deporte fue mi hogar siempre. Tuve toda la vida base al deporte y creo que conseguí eso. Estar con pares nuevamente y sentirme parte de un grupo”, contó Luciano.
Florencia lo resume así: “El fútbol de amputados en sí a mí me cambió la vida. Siempre lo dije y lo voy a repetir. Me sacó todo ese tipo de burbuja que tenía yo”.
También se construyeron vínculos que quedaron para siempre. “Flor, Franco, Cristian, la verdad son como hermanos para mí. Poder llevarlo a cabo desde el 2018 hasta ahora, haber obtenido títulos y viajar por grandes partes del mundo, la verdad fue algo que nunca lo pensamos”, contó Luciano.
Entre todo lo que nunca imaginaron también estuvo vestir la camiseta de Uruguay. “Como uruguayo poder cantar el himno con la celeste puesta debe ser la cosa más grande que me ha pasado. Después el nacimiento de mi hija creo que es lo mejor. Y bueno, tener la suerte de salir campeón o competir en un Mundial, de las mejores cosas”, expresó.
Florencia y Luciano ya disputaron los Mundiales de 2018 y 2022. Ahora se preparan para una nueva competencia con un objetivo diferente: no solo estar, sino competir y quedar entre los mejores.
El Mundial de Fútbol de Amputados se jugará en México entre el 12 y el 23 de noviembre. Para concretar el viaje, sin embargo, todavía tienen un desafío fuera de la cancha: reunir unos USD 12.000 para completar los pasajes y cubrir parte de la inscripción.
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“Venimos como ocho pasajes abajo y parte de la inscripción también. Entonces venimos luchándola, la gente ha apoyado. La visualización a veces es más complicada. Pero creo que vamos a llegar”, señaló Luciano.
Florencia también destacó lo que significa haber conseguido la clasificación y el esfuerzo que implica poder viajar. “Ya el ir para nosotros es un logro tremendo. Porque ya a nivel deportivo es muy complicado clasificar a nivel Mundial. Además, sumándole el hecho de lo económico, es un logro aparte para nosotros. Y nada, volver con los resultados que soñamos y que para eso nos preparamos tanto”, afirmó.
Sus historias comenzaron de maneras muy distintas: una infancia marcada por una amputación y un accidente que cambió una vida. Pero ambos caminos terminaron encontrándose en una cancha. Ahora hay un nuevo sueño por cumplir.
“No se encierren, que no se queden en esa nube gris que a veces nos ponemos nosotros mismos. Que no piensen en los demás, solo piensen en sí mismos, que se apoyen mucho en la familia, en los amigos, en los deportes. Como siempre dice, cualquier deporte es calidad de vida”, reflexionó Florencia.
Luciano también piensa en aquel momento en el que todavía no sabía cómo seguir y le deja un mensaje a ese joven que estaba atravesando la amputación: “Decirle que se puede, que se logró cumplir casi todos sus sueños. Y nada, agradecerle a mi familia, que sin ellos nada de esto sería posible”.
Por colaboraciones: BROU 110871642-00001 (pesos) / 110871642-00002 (dólares).



