Líderes políticos y ciudadanos del territorio autónomo danés respondieron de forma unánime a las declaraciones del presidente estadounidense, que volvió a no descartar el uso de la fuerza
Groenlandia rechazó de plano la posibilidad de convertirse en un territorio estadounidense luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volviera a amenazar con el uso de la fuerza para anexionar la isla ártica, rica en recursos minerales. El mandatario republicano sostiene desde hace tiempo que el control de Groenlandia es “crucial” para la seguridad nacional estadounidense, en un contexto de creciente actividad militar de Rusia y China en el Ártico.
El viernes, durante una reunión con directivos de la industria petrolera vinculada a la explotación del crudo venezolano, Trump afirmó que se encargará “por las buenas” o “por las malas” de concretar su objetivo sobre Groenlandia. Horas más tarde, los líderes de los cinco partidos con representación en el Parlamento groenlandés respondieron con una declaración conjunta en la que expresaron su rechazo a cualquier tipo de anexión. “No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”, señalaron.
El documento fue suscrito tanto por las cuatro fuerzas que integran el gobierno local como por el principal partido de la oposición, que promueve una independencia rápida respecto de Dinamarca. “El futuro de Groenlandia debe ser decidido por los groenlandeses”, afirmaron, marcando una posición común frente a las declaraciones del presidente estadounidense.
El rechazo también se refleja a nivel social. En Nuuk, la capital del territorio, Julius Nielsen, un pescador de 48 años, expresó su oposición a la idea de pasar a formar parte de Estados Unidos. “¿Estadounidenses? ¡No! Ya hemos sido una colonia durante muchos años. No queremos convertirnos de nuevo en colonia”, dijo. Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953 y obtuvo su autonomía 26 años después. Inaluk Pedersen, una vendedora de 21 años, señaló que la relación con Dinamarca “funciona bien”, pero consideró que “la injerencia de Estados Unidos perturba las relaciones y la confianza”.
Las amenazas de Trump generaron preocupación en Dinamarca y en otros aliados europeos. Washington mantiene una base militar en Groenlandia desde la Segunda Guerra Mundial y, desde 1951, existe un acuerdo de Defensa entre Estados Unidos y Dinamarca que otorga amplias facultades a las fuerzas estadounidenses en el territorio, previo aviso a las autoridades locales. Aun así, tanto Nuuk como Copenhague rechazan el argumento de que la isla esté en riesgo de quedar bajo influencia china o rusa. “No estamos de acuerdo con esa idea de que Groenlandia estaría inundada de inversiones chinas”, afirmó esta semana el canciller danés, Lars Løkke Rasmussen.
Trump insistió el viernes en que no permitirá que “Rusia o China ocupen Groenlandia”, aunque ninguno de esos países ha reclamado el territorio. La Casa Blanca aseguró que el presidente reflexiona “activamente” sobre la opción de comprar la isla, sin excluir una alternativa militar. En una entrevista reciente, el mandatario reconoció que podría verse obligado a elegir entre preservar la integridad de la OTAN o avanzar en el control de Groenlandia.
Dinamarca, junto con Groenlandia, es miembro de la OTAN. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, advirtió que una toma estadounidense de la isla acabaría con “todo”, en referencia a la Alianza Atlántica y al sistema de seguridad construido tras la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se reunirá la próxima semana con el ministro de Relaciones Exteriores de Dinamarca y con representantes groenlandeses para abordar la situación.
El rechazo popular a una eventual anexión también quedó reflejado en un sondeo publicado en enero de 2025 por la prensa local: el 85% de los groenlandeses se manifestó en contra de formar parte de Estados Unidos, mientras que solo el 6% se mostró favorable a esa posibilidad.

