Desde el inicio del escándalo en 2023 se han hallado cientos de cuerpos en la base de la secta
Un tribunal de Kenia dictó este viernes una condena a 200 años de cárcel para un autoproclamado predicador, por la muerte por hambre de 190 niños y un adulto de su secta, en la que incitaban a la inanición.
Desde el inicio del escándalo en 2023 se han hallado cientos de cuerpos en la base de la secta, cerca de la localidad costera de Malindi, donde su líder Paul Mackenzie instaba a sus seguidores a morir de hambre para "conocer a Jesús".
El mes pasado, un tribunal de Mombasa, a orillas del océano Índico, declaró al autoproclamado pastor y 28 coacusados culpables del asesinato de 190 niños y un adulto entre enero de 2021 y septiembre de 2023.
Y el viernes anunció la condena a 200 años para el gurú: 100 años por los cargos de homicidio y otros 100 por los cargos de inanición. Sus cómplices también recibieron penas de cárcel.
Su abogado avanzó que iba a recurrir la sentencia.
Pena de muerte
El extaxista se mostró impasible al llegar al tribunal el viernes, vestido con una camiseta tipo polo y con una leve sonrisa en el rostro.
La fiscalía había pedido la pena de muerte para Mackenzie, alegando el alto número de vidas perdidas, y la cadena perpetua para sus cómplices.
Aunque la ley de Kenia contempla la pena de muerte, el país no ha llevado a cabo ninguna ejecución desde 1987.
Pero la jueza Diana Kavedza Mochache descartó esa opción porque en la secta "la muerte se celebraba como un matrimonio con Jesús y a los difuntos se les consideraba héroes de la fe".
"Para personas que perciben la muerte como una liberación, una pena de muerte podría no ser vivida como una sanción, sino como un triunfo y una forma de martirio", argumentó.
Pese a ello, Francis Wanje, un maestro de 62 años que perdió a dos nietos, respaldaba la imposición de la pena capital.
"Nada puede aliviar el dolor", dijo el hombre a AFP.
Y añadió sentir "una gran ira hacia las autoridades". "Si hubieran actuado a tiempo, hoy no estaríamos aquí", estimó.
Mackenzie fue detenido en abril de 2023, después de que algunos seguidores fueran rescatados gracias a un grupo defensor de los derechos humanos que alertó a las autoridades.
La operación policial posterior sacó a la luz cientos de fosas comunes poco profundas.
Las autopsias revelaron que la mayoría de las víctimas murieron de hambre, mientras otros, incluidos niños, habrían sido estrangulados, golpeados o asfixiados.
Las excavaciones tuvieron que ser suspendidas temporalmente ante el creciente número de cuerpos descubiertos, ya que las morgues locales se quedaron sin espacio.
Durante el juicio declararon alrededor de 120 testigos.
Según varios de ellos, el movimiento denunciaba la educación formal como "satánica", consideraba la medicina moderna y los hospitales instrumentos del diablo y exigía a sus seguidores cortar todo vínculo con el mundo exterior.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia informó en 2024 que el número de muertos ascendía a 429. Hasta la fecha, algunas víctimas siguen sin ser identificadas.
AFP




