La justicia argentina encontró al portero culpable de los delitos de feminicidio, abuso sexual y homicidio agravado.
Ángeles tenía 16 años cuando fue asesinada. Desde niña vivió en el edificio de la calle Ravignani, en el barrio Palermo de la capital argentina. Jorge Mangeri la vio crecer en ese mismo edificio, en donde también vivía y ejercía los trabajos de portería.
Ángeles era fanática del animé y sus profesores y compañeros del colegio dicen que era la mejor estudiante, la que tenía el mejor promedio. Había sido vista por última vez a las diez de la mañana del 10 de julio de 2013 con su uniforme verde de estudiante. La familia inició la búsqueda pidiendo ayuda a la población, pero al día siguiente su cuerpo fue encontrado por operarios de un centro de tratamientos de residuos de la ciudad.
Allí comenzó la investigación y el juicio que culminaron hoy, más de dos años después, con la condena al portero del edificio. La autopsia determinó que fue abusada sexualmente y estrangulada en el sótano del edificio, pero murió luego por los golpes y las lesiones causadas por el camión compactador de basura.
Los tres jueces del tribunal condenaron a Mangeri a prisión de por vida por feminicio, abuso sexual y homicidio agravado. Pidieron además que se investigue además a la esposa del imputado, a un amigo y a los vecinos del edificio.
Horas antes del fallo el portero reiteró que es inocente. Pero tanto en el sótano del edificio y en las uñas de Ángeles se encontró su ADN y él mismo, horas después de ser detenido, confesó el crimen. Poco después dijo que lo hizo porque fue presionado por la policía a hacerse cargo de la muerte de la joven.
