Jacinto Vera, el primer obispo de Montevideo, será proclamado beato; el papa Francisco le reconoció un milagro hecho en 1936

El beato es declarado santo, apuntan desde la Iglesia Católica, “cuando se verifica un segundo milagro ocurrido después del anuncio de su beatificación”.

El papa Francisco le reconoció al primer obispo de Montevideo, Jacinto Vera,  un milagro realizado en 1936; y eso, ahora, lo habilita a ser declarado como beato.

La noticia fue difundida en la mañana de este sábado por la Iglesia Católica de Montevideo. “Con inmensa alegría los obispos de Uruguay les queremos comunicar una feliz noticia: hoy, el papa Francisco aprobó un milagro obtenido por la intercesión del Venerable Mons. Jacinto Vera, nuestro primer obispo, lo que habilita su próxima beatificación”, apunta el comunicado.

“Es un motivo de júbilo y gratitud para todo el Uruguay. Misionero y apóstol de la ciudad y la campaña, recorrió tres veces todo el país. Socorrió a los heridos de las guerras civiles y encabezó misiones de paz. Padre de los pobres, amigo de sus sacerdotes, fue promotor del compromiso de los cristianos laicos en la vida de la sociedad de la época. Promovió la educación y la prensa católica. Fundó el seminario para la formación de los sacerdotes. Promovió la llegada de numerosas congregaciones religiosas a nuestras tierras, para servir a nuestra gente (vascos, salesianos, salesianas, dominicas, vicentinas, capuchinos, jesuitas, entre otros)”, agrega.

“Su próxima beatificación nos impulsa a renovar nuestro impulso misionero y nuestro deseo de servir al país y a su gente”, señala la Iglesia Católica de Montevideo.

El ser beato encamina a Jacinto Vera a ser declarado santo. “El término beato significa feliz (del latín beatus) o bienaventurado. La Iglesia nos enseña que los beatos ya gozan en el cielo de la presencia de Dios e interceden por nosotros peregrinos aún en este mundo. La beatificación es el último paso previo a la canonización, es decir a ser declarado santo. El beato llega al “honor de los altares”, sus imágenes pueden ser veneradas en las Iglesias, se celebra su memoria litúrgica, es decir, que habrá un día en el año en que será su fiesta (en general el día de su muerte, llamado dies natalis) donde en la misa y otras celebraciones del día se lo recordará especialmente, como se hace con los santos”, explican.

El beato es declarado santo, apuntan, “cuando se verifica un segundo milagro ocurrido después del anuncio de su beatificación”.

Jacinto Vera nació el 3 de julio de 1813 en un barco que iba por el Océano Atlántico rumbo a Uruguay. “De joven trabajó en el campo con los suyos, en Maldonado y en Toledo. Descubrió su vocación a los 19 años. Incorporado al ejército fue licenciado por el Gral. Oribe para que pudiera continuar sus estudios sacerdotales. A falta de formación en Uruguay, se trasladó a Buenos Aires para estudiar. Celebró allí su primera misa, el 6 de junio de 1841”, apunta la reseña difundida por la Iglesia Católica.

“Teniente cura y luego párroco de la Villa de Guadalupe de Canelones durante 17 años. Fue nombrado vicario apostólico del Uruguay el 4 de octubre de 1859; consagrado obispo en la Iglesia Matriz de Montevideo el 16 de julio de 1865. Participó del Concilio Vaticano I en 1870. Primer obispo de Montevideo desde el 13 de julio de 1878. Murió durante una misión que realizaba en Pan de Azúcar, el 6 de mayo de 1881”, agrega.

Sus restos se encuentran en la catedral de Montevideo. 

En mayo de este año, el papa Francisco canonizó a 10 nuevos santos, en la primera ceremonia de este tipo desde el comienzo de la pandemia por Covid-19 en 2019. En esa instancia la monja ítalo-uruguayo Francisca Rubatto se convirtió en la primera santa uruguaya. 

El milagro por el que se lo reconoce

El milagro reconocido por el papa Francisco es “la curación rápida, duradera y completa de una niña de 14 años ocurrida el 8 de octubre de 1936”. 

“La niña se llamaba María del Carmen Artagaveytia Usher, hija del Dr. Mario Artagaveytia, reconocido médico cirujano, y de Renée Usher. Después de una operación de apendicitis sufrió una infección que se fue agravando hasta llegar a una situación desesperada. Los mejores médicos de la época la atendieron, recordemos que no existía aún la penicilina. La niña sufría fuertes dolores”, señalan.

“Un tío, Rafael Algorta Camusso, le lleva una estampa con una reliquia del siervo de Dios Jacinto Vera y le pide a la niña que se la aplique a la herida y que tanto ella como su familia recen con toda confianza por la intercesión del siervo de Dios. Esa misma noche cesan los dolores, se acaba la fiebre y a la mañana siguiente la niña se sentía completamente bien. La curación fue rápida y completa, científicamente inexplicable, comprobada por su padre y por el médico que la atendía el Dr. García Lagos. María del Carmen Artagaveytia vivió hasta los 89 años, falleciendo en 2010”, agregan desde la Iglesia Católica.

“En 2017 se retomó el estudio de este caso, que había sido presentado al poco tiempo de la curación. Se realizó un exhaustivo informe médico, que luego fue analizado por una junta médica en el Vaticano. Ante el tribunal formado para estudiar el presunto milagro, sus hijos declararon que conocían el hecho desde siempre, por el testimonio de su madre. Aportaron diversos elementos y recuerdos, entre otros, que su madre tuvo toda la vida en su mesita de luz la estampa con la reliquia de Mons. Jacinto Vera que había colocado en su herida”, concluye el comunicado.