Más antiguas de lo que pensamos: el origen de las pantallas táctiles

El tacto es una de las maneras más intuitivas que tenemos las personas de conectarnos con el mundo exterior.

Cuando Steve Jobs entró a este auditorio el 9 de enero de 2007 con su primer iPhone en la mano, el mundo de la tecnología cambió para siempre.

Con su novedoso invento, Jobs sentó las bases de lo que sería el ascenso meteórico de los teléfonos con pantalla táctil integrada. Si bien fue en este momento en el que las pantallas táctiles comenzaron a comercializarse de manera masiva, no fue la primera vez que un dispositivo contó con esta tecnología.

De hecho, fue este teléfono, el IBM Simon, lanzado en 1993, el primero en tener una superficie de vidrio desde la que se podía controlar todo el resto del equipo usando los dedos.

Pero llegamos al IBM Simon con el trabajo de un inventor británico y también este otro, Sam Hurst. Ellos, en momentos y países separados, fueron los primeros en pensar y desarrollar la tecnología de la pantalla táctil a partir de 1965, que en un principio se utilizó para controlar el tráfico aéreo.

Luego de varias pruebas e intentos frustrados, la primera pantalla táctil como la conocemos hoy aterrizó en 1977, aunque no aplicada a teléfonos.

El primer dispositivo doméstico que se metió en los hogares con pantalla táctil fue una computadora que funcionaba con transmisores y receptores infrarrojos, una alternativa un poco tramposa porque no era completamente táctil, pero su impacto fue efectivo. Ya en los primeros años de la década de 1990 la pantalla táctil se empezó a imponer con mayor y mayor aplomo.

Entonces llegamos a la competencia feroz de la actualidad, donde los fabricantes se desvelan por mejorar siempre un poco más sus pantallas. Ahora las hay curvas, flexibles, a prueba de agua y resistentes al polvo, rayaduras y caídas.

Las pantallas táctiles están tan integradas a nuestras vidas cotidianas que hasta nos parecen una tecnología que estuvo siempre.