Hoy la firma, que a lo largo de su historia debió enfrentar varias crisis y reconvertirse, estaría ante un cierre inminente.
La historia de Motociclo comenzó en 1930 en un pequeño garage de Montevideo, cuando Jaime Rozemblum, recién llegado de Polonia, abrió un taller de reparación de bicicletas, llamado Casa Universal.
El emprendimiento tomó fuerza y 10 años después su dueño decidió instalar una fábrica de bicicletas en colonia suiza. En los años 50 la empresa estaba consolidada, así como todo el proceso industrial de la bicicleta tradicional.
En 1962, Casa Universal pasa a llamarse Motociclo y se extiende a todo el país, con 80 locales. Tiempo después, comenzó a exportar los birodados a México y Argentina.
Pero con la crisis de 2001 en el vecino país, su principal mercado mostró trabas. Motociclo enviaba el 70 % de su producción a Argentina, donde tenía el 20 % del mercado.
A la competencia empezó a preocuparle y se quejaron por los componentes de origen, exigiendo certificados de calidad y demorando permisos de importación.
La crisis demandó una reconversión y Motociclo pasó a ser una casa especializada en la venta de electrodomésticos, sin olvidar las bicicletas, motos, respuestos y accesorios. A su menú se sumaron después los aparatos de gimnasia, maquinarias y herramientas de jardín.
La red de locales en todo el país sumó 40 sucursales con 16 en Montevideo.
Desde al menos un año atrás la empresa enfrenta dificultades y debió reducir sus locales y planilla de trabajadores.
La estrategia de la firma fue salir en busca de inversores. Uno de ellos, argentino, propuso quedarse con la marca y dedicarse al rubro de fitness, pero las negociaciones no llegaron a puerto.
Este martes, la compañía habría entrado en concurso de acreedores.
