Un tercio de los adultos se identifica como católico, otro 28% cree en Dios, pero no se siente cercano a ninguna religión, y un 11% adicional se identifica como de otra religión.
La próxima visita del papa vuelve a plantear el tema de la religiosidad en Uruguay, un país que separa cuidadosamente la religión de otros ámbitos como la política y la educación pública. ¿Qué proporción de la población espera la visita no sólo porque el papa es una figura importante sino porque es la cabeza de la iglesia de la que forman parte? En la encuesta terminada la semana pasada, exactamente un tercio de los adultos se identifica como católico, otro 28% cree en Dios, pero no se siente cercano a ninguna religión, y un 11% adicional se identifica como de otra religión, entre las cuales aparecen protestantes y evangélicos, judíos y otros. El resto, el 28% de los uruguayos, es agnóstico o ateo.
Hay, además, distinta intensidad en la cercanía a la religión. El 33% que se siente católico se reparte entre una minoría (9%) que practica su religión y una mayoría (24%) que no practica. Los pocos que se identifican con otras religiones, en cambio, son en su mayoría practicantes (7%). Si se comparan sólo los más cercanos a la religión, los católicos, con 9% de practicantes, apenas superan al conjunto de las otras religiones, con 7% de practicantes.
¿Dónde se concentran los católicos? Hay algo más de católicos, en particular católicos practicantes, fuera de la capital, y también son más entre las mujeres que entre los hombres. Por el contrario, en Montevideo y entre los hombres hay bastantes más adultos que se consideran agnósticos o ateos.
Los católicos, y en particular los católicos practicantes, aumentan con la edad: entre los menores de 30 sólo el 16% se considera católico –y apenas 5% practicante. El 42% de los jóvenes es agnóstico o ateo. En cambio, entre los mayores de 60, 40% son católicos, y 12% practicantes. El nivel educativo también marca diferencias, sobre todo en la proporción que se considera agnóstico o ateo, que aumenta a medida que aumenta la educación formal. Sin embargo, entre los más educados hay también una proporción mayor de católicos practicantes, y la proporción más baja de creyentes de otras religiones.
La religiosidad en Uruguay ha disminuido mucho en los últimos 30 años. En 1997 67% de los adultos se identificaban con alguna religión, la gran mayoría (58%) con el catolicismo. El 21% se consideraba católico practicante. En 2013 se mantenía estable la proporción que se consideraba católico (también 58%), pero caía mucho el porcentaje de católicos practicantes (de 21 a 13% en 16 años). Nueve años después, en 2022, saliendo de la etapa de encierro de la pandemia y tras muchas denuncias de abusos en la Iglesia a nivel mundial, la realidad era otra, muy similar a la que se registra hoy: más de la mitad de los adultos no se consideraba de ninguna religión, aunque muchos de ellos siguen creyendo en Dios. Los que se sienten católicos caen de más de la mitad a un tercio.
En este escenario, ¿cómo recibirá al papa un país donde solo una minoría se siente católica? En un país laico “por definición”, donde la política se mantiene al margen de las religiones, uno de los actos simbólicos que podría causar fricciones es la visita de la cabeza de una iglesia al parlamento. Sin embargo, desde el punto de vista de la población, una clara mayoría considera que sería apropiado que el papa visitara el Parlamento. Y esa posición es compartida por los votantes del oficialismo y de la oposición.
Como era de esperar, los más cercanos, quienes se identifican como católicos, están aún más a favor de esa visita, pero incluso entre los más alejados, los no creyentes, 51% está a favor y sólo 36% en contra.
¿Tendrá la visita del papa algún impacto en el catolicismo local? Es muy pronto para saberlo, pero podría tenerlo. La baja en la identificación de una gran proporción de los uruguayos con lo católico es muy reciente, ocurrida en los últimos 10 años y probablemente en gran parte influenciada por los “cambios de hábitos” que se dieron en la pandemia y las denuncias de abusos que salieron a luz en este siglo. Otro evento de impacto, como la visita del papa, podría tener como consecuencia que algunos de esos católicos que dejaron de considerarse católicos vuelvan a sentirse parte. Más difícil parece influir en los jóvenes, la mayoría de los cuales probablemente nunca se sintieron católicos y no crecieron en espacios y tiempos donde la Iglesia Católica en lo local y también a nivel internacional tenía más peso.
Esta nota presenta los resultados de una encuesta nacional telefónica (a teléfonos fijos y celulares) de CIFRA en todo el país: 1000 entrevistados entre los días 7 al 18 de agosto de 2026.






