Orsi calificó como “un hecho inédito” la donación de las islas Chala, Pingüino e Ingá, cedidas para su conservación ambiental y con el objetivo de avanzar hacia un parque binacional junto a Argentina,
La reciente compra y donación de islas en el río Uruguay por parte del multimillonario norteamericano y filántropo Gilbert Butler, que permitirá avanzar hacia la creación del primer Parque Binacional entre Argentina y Uruguay, tiene un origen mucho más simple y personal de lo que podría suponerse: un fin de semana, un helicóptero y una mirada atenta sobre el territorio.
El presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, calificó este jueves como “un hecho inédito” la donación de las islas Chala, Pingüino e Ingá, cedidas para su conservación ambiental y con el objetivo de avanzar hacia un parque binacional junto a Argentina. Butler, que realizó personalmente la donación, destacó su interés por la conservación y explicó cómo esa motivación derivó en la idea de generar un espacio protegido compartido entre ambos países.
“Yo les voy a contar la historia de esto”, comenzó Butler cuando explicó durante su discurso de este jueves cómo nació el proyecto Islas y Canales Verdes del Río Uruguay, concebido como un parque binacional de paz. Según relató, la idea surgió a partir de un sobrevuelo de unos 15 kilómetros sobre las islas del río Uruguay, una experiencia que marcaría un antes y un después.
El recorrido, en ese entonces, fue organizado por Marcos Pereda, integrante de la Sociedad Rural Argentina. “Fue la persona que me recibió y el que me llevó a volar sobre las islas”, recordó Butler. En ese viaje también estuvo Emiliano Ezcurra, exvicepresidente de Parques Nacionales en Argentina, quien lo había invitado a conocer la zona durante un fin de semana.
“Yo dije: obvio que voy a ir. Si yo soy una rata de agua. Voy a ir, voy a bañarme, voy a comer un asado y después voy a volver a mi casa a Nueva York”, contó.
El vuelo partió desde el norte de Colonia Elía hasta Fray Bentos, ida y vuelta, y finalizó en la estancia El Potrero, ubicada a mitad de camino. Fue durante ese trayecto aéreo cuando Butler comenzó a observar con preocupación el uso del suelo a ambos lados del río.
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Según su propio relato, tanto en Uruguay como en Argentina la mayor parte de la tierra estaba destinada a la soja y al eucaliptus. “Del lado uruguayo toda la tierra estaba siendo utilizada para la soja y el eucaliptus, y del lado argentino pasaba lo mismo. Eso era un desastre ecológico”, afirmó.
Sin embargo, en contraste con ese panorama, Butler notó algo diferente en las islas y en las zonas cercanas al río. “Veía un verde hermoso, lindos montes”, recordó. Intrigado, le preguntó a Pereda por qué ese paisaje se mantenía intacto. La respuesta fue clara: se debía a las crecidas del río y a las inundaciones naturales.
Ese dato fue determinante. Butler contó que, casi de inmediato, expresó su idea en voz alta: “Bueno, entonces acá tendríamos que tener un parque binacional”. Según relató, Pereda lo miró con sorpresa, preguntándose quién era “este loco” que acababa de proponer algo así.
Lejos de retroceder, Butler insistió. “Marcos, ¿por qué no lo hacemos?”, le dijo. La respuesta fue categórica: “Esa es una misión imposible, absolutamente imposible”.
Butler explicó luego que el desafío era enorme y que requería organizaciones sólidas en ambos países. De un lado, Banco de Bosques; del otro, encontrar un grupo fuerte como la ONG ambientalista AMBÁ. “Necesité transmitir mi idea”, señaló, al resumir el proceso inicial. “Y el resto es toda historia”.

