Según las declaraciones del homicida ante el juez, en el momento del crimen estaba la familia reunida en el escritorio. Allí se encontraba su concubina y su hijo de 14 meses.
Una discusión provocó la furia del asesino, quien perdió toda racionalidad. En su propia declaración ante el juez, reconoció que se transformó "en una máquina de tirar puñaladas".
Según el informe forense el niño tenía tres puñaladas, una en el cuello, la madre 19 puñaladas y la abuela nueve heridas.
La siquiatra forense sostiene que el asesino se victimiza, llorisquea, dice estar arrepentido e intenta justificar lo ocurrido.
Agrega que es una persona violenta con rasgos paranoicos e insensibles con trastornos de personalidad de tipo sicopático.

