Tras meses de complicaciones y tres internaciones en CTI, el pequeño recibió un trasplante de médula ósea con su padre como donante y ahora atraviesa los primeros días del procedimiento.
Jeremías González, un bebé de seis meses y medio, atraviesa sus primeros días luego de recibir un trasplante de médula ósea, con su padre como donante. Actualmente se encuentra en el tercer día postrasplante y comenzó la etapa de aplasia, en la que sus valores de médula descienden como consecuencia de la quimioterapia y los medicamentos recibidos previamente.
“Es el período de mayor riesgo para un paciente trasplantado porque los riesgos de infecciones son muy oportunistas en esta etapa”, explicó su madre, Antonella Falero, en entrevista con Telemundo. Por ese motivo, Jeremías permanece en aislamiento y bajo controles permanentes.
El pequeño padece el síndrome de Wiskott-Aldrich, también conocido como WAS, una enfermedad rara y hereditaria que afecta al cromosoma X. Entre otras consecuencias, provoca una disminución considerable de plaquetas, infecciones recurrentes y eccemas.
La familia espera que las células donadas por su padre comiencen a hacer efecto alrededor del día 16. Por ahora, el bebé evoluciona favorablemente: “Jere viene bien, viene tolerando bien lo que fue el acondicionamiento, se viene alimentando bien. Eso nos da mucha tranquilidad como padres porque tuvimos días muy duros”.
Antes de llegar al trasplante, Jeremías tuvo tres internaciones en CTI por distintas complicaciones. “Parecía que este día no llegaba más, siempre se presentaba alguna cosa nueva y se iba dilatando”, contó su madre, quien destacó el trabajo de los equipos médicos que permitieron finalmente llegar a esta instancia.
Su padre, que fue el donante, también se recupera favorablemente y actualmente permanece junto a su hijo. “Está muy contento de haber podido darle esas células a su hijo”, relató Antonella.
El camino después del trasplante
El trasplante es un tratamiento potencialmente curativo para el síndrome de Wiskott-Aldrich, enfermedad con la que nació Jeremías. Durante los meses previos, uno de los principales obstáculos fue el acceso al romiplostim, medicación que finalmente obtuvo por vía judicial y que recibió como soporte hasta el trasplante.
Según explicó su madre, los médicos prevén suspenderla si la nueva médula funciona correctamente, ya que debería comenzar a producir sus propias plaquetas.
El proceso continuará durante los próximos meses y años. Una vez que reciba el alta, Jeremías deberá mantener cuidados especiales, evitar aglomeraciones y continuar con controles periódicos. Los médicos también controlarán el quimerismo, para determinar si las células que están funcionando corresponden a la nueva médula.
“Lo primero que va a ocurrir ahora, cuando podamos confirmar que la médula prendió, van a empezar a subir sus neutrófilos. Luego, con el tiempo, las plaquetas son las segundas que empiezan a subir”, explicó.
Para Antonella, llegar al trasplante después de tantos meses representa una esperanza renovada: “Esta es una etapa como de ver un poco de luz al final del túnel”.
Y al mirar todo lo vivido, resume su experiencia con una frase: “Mi hijo ha sido el mayor regalo que la vida me pudo dar. Con Wiskott o sin Wiskott, Jere, una bendición. No hubiese cambiado nada”.
