Criptomonedas y criminalidad: ¿mito o realidad?

En el último año las criptomonedas estuvieron envueltas en redes de pederastas, compras ilícitas en la web oscura y más.

El uso que los delincuentes puedan hacer de las criptomonedas genera temor dentro de la industria.

El reciente desmantelamiento de una red internacional de pederastas que realizaba transacciones en bitcoins en 28 países es uno de los ejemplos más recientes de esta realidad.

A pesar de un endurecimiento de la reglamentación sobre las criptomonedas y una mayor vigilancia de las autoridades en todo el mundo, las actividades ilegales vinculadas a las monedas virtuales todavía no pueden resolverse.

De todas formas, sigue siendo a niveles mucho más bajos que con el dinero tradicional. En 2018 el 1% de las transacciones en bitcoines, la criptomoneda más usada, tenía que ver con actividades ilegales.

Además, se gastó el equivalente de 600 millones de dólares en bitcoines en el “internet oscuro” o dark web, es decir, redes ocultas donde se comercializan varios productos ilícitos, como armas y drogas.

Los números son bastante bajos porque el bitocin es apenas una de las criptomonedas que existen en el mundo. Todas se registran en un gran libro de cuentas público e infalsificable, la “blockchain”, o cadena de bloques. Este sistema es más transparente que algunos sistemas financieros tradicionales, pero no es infalible, como lo vienen promocionando sus creadores desde un principio.

Por poner un ejemplo, las redes criminales también utilizan otras alternativas como Monero, inventada en 2014.

En la web oscura, varios vendedores aceptan Monero y en algunos casos comercian exclusivamente con ella. Sus usuarios pueden permanecer en el anonimato hasta que necesiten interactuar con una plataforma de intercambio de criptomonedas o colocar su dinero en fondos de inversión, o sea sistemas dentro de la esfera de la ley.

Monero, cuya capitalización sigue siendo 160 veces menor que la del bitcóin, utiliza una arquitectura compleja que hace que las transacciones sean mucho más difíciles de rastrear, por eso es la favorita del crimen.

Las criptomonedas, como todo el resto de las herramientas tecnológicas, no son malas en sí mismas. Pero cuando caen en las manos equivocadas, pueden causar muchos problemas.

 


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