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Investigación presentada en 2014 identificaba a trabajadores del transporte como principales explotadores de menores en el oeste de Montevideo

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La explotación sexual infantil y adolescente está naturalizada en algunos contextos sociales.

En 2014 se presentó un estudio oficial sobre las percepciones de la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes en el oeste de Montevideo.

La investigación se denominó “Un secreto a voces” y fue realizada por el Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual (Conapes) con técnicos contratados por el INAU.

Las conclusiones indicaron que en el oeste de Montevideo hay un foco de explotación sexual infantil con madres “que venden la virginidad de sus hijas”, niñas explotadas por “unos pocos pesos” y menores discapacitados abusados.

Las terminales de ómnibus como la del Cerro y Santa Catalina constituyen una de las principales zonas de riesgo y los propios trabajadores del transporte fueron identificados como los principales explotadores o facilitadores.

A partir de decenas de relatos siniestros el equipo de investigación de Conapes pudo confirmar no solo la existencia del fenómeno en la zona sino también la naturalización del mismo por parte de los actores sociales.

El escenario delictivo cotidiano, con drogas, inseguridad, corrupción policial e informalidad laboral, es ideal para que la explotación sexual pase desapercibida y se reproduzca.

El estudio señala que incluso podría agravarse con la instalación de grandes emprendimientos industriales como la planta regasificadora Puntas de Sayago.

Según Conapes, en los últimos años Uruguay pasó de negar la situación a comprender que es un problema que se expresa en todo el país, con 285 casos de explotación sexual de menores registrados en 2016.