“Héroes”, un libro de comics que compara a Luis Suárez con Punisher y a Lionel Messi con Superman – Teledoce.com

“Héroes”, un libro de comics que compara a Luis Suárez con Punisher y a Lionel Messi con Superman

El proyecto surge de una web española abocada a mirar el mundo del fútbol desde una perspectiva diferente.

“¿Qué tienen en común Messi y Supermán? ¿Y Batman y Mourinho?”: esa es la premisa de la que parte el libro Héroes, una serie de 22 capítulos que propone 22 asociaciones entre protagonistas del mundo del fútbol y personajes de reconocidos comics.

“Los futbolistas y los superhéroes del cómic describen con sus hechos un doble relato: el más evidente que hace referencia a la actividad que les populariza y uno más profundo y subconsciente, que asocia esa misma circunstancia a un valor universal reconocible. Esta forma de transmitir realidades por medio de relatos simbólicos es heredera de una tradición mitológica que pervive desde la antigüedad”, versa la sinopsis del libro, y agrega: “Cada capítulo de la serie Héroes ha desarrollado un paralelismo entre un personaje del mundo del balón en activo y otro de alguna de las dos grandes casas del género de Superhéroes (DC y Marvel), que expresaban, de alguna manera y cada uno en su ámbito, un arquetipo similar”.

Así, Héroes compara a Lionel Messi con Superman, Cristiano Ronaldo con Thor y Gerard Piqué con Hellboy, entre otros, a los que se suman Ibrahimovic, Guardiola, Neymar, Simeone, Bielsa, Pirlo, Gerrard, Gareth Bale y Luis Suárez.

La idea del libro nace en la web española Ecos del Balón, un sitio donde se encuentran escritores y aficionados del fútbol español para dar una mirada diferente al mundo de la pelota.


Los autores de la obra explican cómo fue el proceso de creación del libro

Descifrar el arquetipo de un futbolista o superhéroe, fue el punto de partida de cada capítulo. El segundo paso radicaba en encontrar a un equivalente del otro ámbito que también evocase el mismo significado. No bastaba con establecer parecidos superfluos entre unos y otros, sino que era necesario que una vez confirmada una analogía, tuviésemos la certeza de que sus dos protagonistas representaban lo mismo para aficionados y lectores.

Aunque los primeros pares – Messi/Superman y Batman/Mourinho – surgieron casi por sí solos, su aprobación – la de cada una de las relaciones finalmente establecidas – fue objeto de un profundo debate. Mientras que el chat de HYDRA servía para canalizar un flujo incesante de ideas, de las cuales unas pocas eran valoradas y la mayoría simplemente disfrutadas – por disparatadas-, un foro privado era el lugar donde esas propuestas de mayor relieve eran defendidas con más detalle y fundamento. La exposición que hizo Marc Roca para defender la candidatura de Luis Suárez como Punisher, se extendió a casi 1.500 palabras. La elección de las parejas de personajes era el punto crucial de la serie. La reflexión en torno a las mismas en ocasiones duraba días, en otras semanas y a veces hasta meses; con una batería de argumentos a favor o contrarréplicas señalando los puntos débiles. En cualquier caso, no se trataba de llegar a un acuerdo sino de encontrar la semblanza correcta. Efectivamente y aunque resulte absurdo, con el paso del tiempo los cuatro autores asumimos como una verdad irrefutable que las relaciones preexistían a la serie y que nuestra función consistía no en inventarlas sino tan solo en descubrirlas.

En ocasiones, se acordaba una analogía sin mucho énfasis y se comenzaba a trabajar en ella pese a que flotaba en el ambiente que aquello no era definitivo. Se trataba de profundizar conscientemente en el error para dar con el acierto. Y en algún momento, en pleno desarrollo del par equivocado, aparecía como una revelación el equivalente adecuado. ¡Lo hemos vuelto a hacer! ¡Otra vez! Exclamábamos con alborozo siempre que se volvía a clavar un par.

Una vez establecida una analogía, se abordaba la fase del desarrollo de la historia de ambos personajes siempre en base al símbolo común. Esto requería de una documentación exhaustiva que se recopilaba en el foro de trabajo privado. La labor resultaba tan ingente que los primeros capítulos – Messi/Superman, Mourinho/Batman y Thor/Cristiano – los tuvimos que realizar a la par entre Javier Alberdi y David Mata. Tras analizar la información, se resaltaban aquellos aspectos que guardaban relación con la pauta establecida. Como si fuésemos escultores liberando a una figura, escondida bajo una masa deforme, las coincidencias iban apareciendo para regocijo y perplejidad de los autores: La relevancia que otorgan Mourinho y Batman a sus ayudantes. La sala exclusiva de que disponen Guardiola y Xavier en lo más hondo de sus cuarteles generales para amplificar sus poderes. Las adopciones de Balotelli y Tony Stark. La dentadura de Suárez y la de la calavera de Punisher. El término board, que tiene la acepción de “directiva”, como la que otorga estabilidad a Wenger y de “tabla” como la que da estabilidad a Silver Surfer. La “Cocina infernal” en la que vive Daredevil y “El infierno del Vélodrome” en el que creció Ribery. Pogba celebrando el triunfo contra el Chelsea mediante el saludo de “Wakanda por siempre”. O la falta de corpulencia que privó a Steve Rogers de poder alistarse en el ejército y la de Steven Gerrard, que le impidió acceder a la cantera del Liverpool.

En una tercera fase, los autores retomábamos el pulso, en el WhatsApp de HYDRA, para sugerir equivalencias del arquetipo trabajado en cualquier ámbito posible: mitología, religión, literatura, novela gráfica, cine, televisión, folklore, etc… el procedimiento habitual era, como en la conformación de los pares, la de desbordar el chat con ocurrencias, por más que algunas pudiesen resultar un dislate. La secuencia de pensamientos espontáneos, posteriormente documentada, reportaba suficiente material válido como para terminar de culminar, junto con la información seleccionada de los dos personajes, un guión original cuya síntesis se exponía en el foro. Seguidamente, cada autor redactaba el capítulo asignado con absoluta libertad aunque sujetos a unos parámetros de extensión y estructura pautados y una vez culminado se sometía a una última revisión de edición para pulir detalles.


¿Por qué Luis Suárez como Punisher?

El FC Barcelona necesitaba un matador, capaz de embarrarse al servicio de Leo Messi, para reestructurar un ataque que se había vuelto demasiado previsible. Como si de una película de acción se tratara, el club catalán estaba tan desesperado que acudió a una suerte de pacto con el Diablo. De mantenerse fiel a los clichés habituales del género, algún responsable de la planificación deportiva azulgrana habría afirmado en algún momento: “Luis Suárez es nuestro hombre”. Otros se habrían opuesto escandalizados, temiendo más la fama conflictiva del futbolista -sancionado por morder a Giorgio Chiellini en un lance del Mundial de Brasil- que las dificultades por las que pasaba su propio equipo. La discusión habría terminado de forma tajante: “Da igual lo que haya hecho. Es el mejor y lo necesitamos”.

El cine de acción moderno fue tomando forma a lo largo de los años setenta para consolidarse en plenos ochenta. Fue una vuelta de tuerca visceral a los principios establecidos por el cine negro, que en la edad dorada de Hollywood se encargaba de mostrar al público los recovecos criminales de las ciudades de la primera mitad del s. XX, cuyo provenir ya no era observado -tras el crack del 29- con la inocencia y el optimismo de los felices años veinte. El progresivo desarrollo de una sociedad más desigual y conflictiva fue determinante en el desencanto sobre el brillante futuro postindustrial que algunos habían pronosticado. Según se acercaban los años ochenta y sus duras circunstancias socio-económicas los viejos relatos de robos y gángsters, acotados a espacios y protagonistas muy concretos, entregaron el testigo a una violencia transversal que se adueñaría de la ciudad en pleno para escenificar la ansiedad de sus habitantes.

Habían llegado los tiempos de “Harry el sucio” (1971), un duro policía enfrentado a un psicópata que elige sus víctimas al azar. Este componente tangencial iría un paso más allá en “El justiciero de la ciudad” (1974), otro film clave en los orígenes del género, en el cual un ciudadano cualquiera se entrega a la persecución de todo tipo de delincuentes para vengar la terrible agresión de su esposa y su hija en manos de unos atracadores. La creación de vengadores urbanos siniestros y expeditivos no fue privilegio del cine en esos tiempos convulsos, sino una tendencia generalizada en todos los espacios de la misma cultura popular que muchos siglos atrás había dado forma a los héroes matadores de monstruos. Mack Bolan, el justiciero protagonista de una exitosa serie de novelas ligeras, sirvió de inspiración al guionista Gerry Conway para crear, en las páginas del risueño Spider-Man, uno de los personajes más oscuros de la historia del cómic de superhéroes.

Tras la trágica muerte de su familia en manos de unos criminales Frank Castle se convirtió en The Punisher (“El Castigador”), azote de cualquier delincuente que se cruzara en su letal cacería: “si eres culpable, estás muerto”, sería su lema. Esta violenta pulsión ha sido argumentada como la vía de escape para el dolor que constriñe el alma del personaje, del mismo modo que los familiares y conocidos de Luis Suárez, apodado “el depredador”, no dudan en señalar una infancia traumática como la raíz de los extraños arranques de agresividad que han llevado a este implacable finalizador a morder a tres compañeros de profesión a lo largo de su carrera.

El padre de Luis Suárez abandonó a su familia cuando el muchacho contaba nueve años. En el hogar quedaron una madre, siete hijos y unos míseros ingresos. El futuro futbolista del FC Barcelona hizo de todo para salir adelante y las calles de Montevideo le descubrieron demasiado pronto la bebida y todo tipo de conflictos. Su incipiente carrera futbolística parecía condenada al fracaso hasta que se cruzó en su camino la salvación de todo héroe de acción que se precie de serlo: un amor de película.

Frank Castle adoraba a su esposa y a sus hijos y habría hecho cualquier cosa por salvarlos. Como John Mclane (“La jungla de cristal”, 1988), que encuentra a las grandes mujeres de su vida en medio de todos los entuertos que debe resolver, y Willam Munny (“Sin perdón”, 1992), que transmutó de villano a justiciero por amor a su querida Claudia. De una forma u otra, el dolor y el sacrificio marcan la relación de los héroes de acción con sus seres más queridos, que ejercen a su vez de terapia y remanso de paz para unos individuos cuya predisposición al conflicto hace muy difícil, de otra forma, su encaje en la sociedad. El asesinato de su prometido y de la vida que crecía en su propio vientre desataron la cólera de la Mamba Negra (“Kill Bill”, 2003) del mismo modo que la muerte de su amado Patroclo enfureció al poderoso Aquiles en los versos de la Ilíada.

Luis Suárez asegura haber recorrido 21 kilómetros a pie para visitar a la que hoy es su esposa. Tenía quince años y muy pocos medios. También viajó sin blanca a Barcelona cuando la joven Sofía se mudó allí con su familia. Según se prolongaba la estancia de su amada en el viejo continente el futbolista comprendió que sólo había una forma de poder estar con ella: ser lo bastante bueno como para despertar el interés de algún club europeo. A falta de la compañía de su pareja el otrora disperso y problemático Luis Suárez se entregó en cuerpo y alma al fútbol y pronto pudo recoger los frutos de tanta dedicación. Cuando el FC Groningen lo trajo a Europa la mujer que le había enseñado que él “no era burro, solo que no tenía ganas de hacer las cosas” se reunió con él en Holanda.

Incapaz de asumir la pérdida de su familia, Frank Castle ya era todo un veterano de guerra cuando asumió la identidad de Punisher. Privado del equilibrio emocional que le aportaba su difunta esposa, el ex-marine canalizó su furia en el combate, una disciplina que le sirvió para declarar una guerra de un solo hombre contra el crimen al tiempo que concentrarse en una actividad tan exigente, como en el caso de Luis Suárez, mantenía su tormentoso espíritu en los ambiguos límites de la cordura. Clint Eastwood, Charles Bronson o Lee Marvin (“A quemarropa”, 1967) protagonizaron los primeros pasos del cine de acción moderno: todos eran veteranos del western y el cine bélico, los géneros clásicos que inspiraron los montajes de las nuevas películas de tiros. En parte pistolero solitario, en parte disciplinado soldado, el héroe de acción es un guerrero al que se le niega un campo de batalla convencional.

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