La Eterna Promesa XXXI

"Volver, con la frente marchita" ¡Hola! Sí, leíste bien. Te estoy saludando. Sí, soy yo. O sea, yo, La Eterna Promesa, no “yo” de “vos”, ni yo de yo-yo. ¿Me explico? ¿No? Bueno, no importa. Antes eran chéveres. Antes agarraban los chistes… ¿Cómo están? ¿Cómo andan tanto tiempo? ¿Me extrañaron? Mucho, lo sé. ¿Pensaron que […]

"Volver, con la frente marchita"

¡Hola! Sí, leíste bien. Te estoy saludando. Sí, soy yo. O sea, yo, La Eterna Promesa, no “yo” de “vos”, ni yo de yo-yo. ¿Me explico? ¿No? Bueno, no importa. Antes eran chéveres. Antes agarraban los chistes… ¿Cómo están? ¿Cómo andan tanto tiempo? ¿Me extrañaron? Mucho, lo sé. ¿Pensaron que había cerrado este antro? No, señor. No, señora. No, señore (en italiano). Se preguntarán qué fue de mí, a dónde me llevó la vida y por qué dejé esta fantástica zaga de cuentos cortos. Fantástica porque era de fantasía, irreal de tan buena. En fin. Volví. ¿Volvió el ‘Loco’ Abreu al fútbol uruguayo y no voy a volver yo? Miss me spider (“me extraña araña”).

Vine a dar la cara. Vine a responder ante mi gente. Bah, a responder a medias porque no pueden hacer preguntas, esto no es una conferencia de prensa. Los cité acá pero voy a hablar solo yo. La gran Tabárez. Perdón, Maestro. Me desubiqué. Se me fue la scooter. Ahora ya no puedo borrar con la mano lo que escribí con el codo. ¿Era así? Digo… espero que esto no repercuta en una posible, o más bien imposible, citación a la Selección. Perdoneme. No volverá a ocurrir.

Cambiando de tema para zafar… ¿Votaron a Maneco? Digo… él tiene el poder. Él es el mejor. Je. ¿Vieron que me mantengo informado sobre mi paisito, no? “No te olvides del pago si te vas pa’ la ciuda’. Cuanti más lejos te vayas más te tene’ que acorda'”. Y hablando de acordar, lo que no deben recordar es cuándo dejé de escribir. Después del partido con Francia salió el último de los especiales de “LEP en Rusia” y hasta ahí llegué.

Quedamos afuera contra Griezmann y su banda… y quedé afuera yo también.

Estaba destrozado. Sin fuerzas. Me había ilusionado un montón. Sin ganas de escribir ni jugar al fútbol, di un paso al costado y agarré para los malos hábitos. Entre bares y discotecas me perdí por completo. ¿Se enteraron que me rescindieron contrato en China? ¿Nadie habla de mí ahí no? Qué triste es la realidad. Volví dos semanas tarde a los entrenamientos y me echaron como un perro. No era para menos, caí gordo como Porcel y con una baranda a alcohol que no la tapaba ni el Polo Verde. Por suerte en Rusia me había hecho un amigo, y qué amigo… De esos que solo existen en películas. Magnate ruso, lleno de plata, medio mafia y con más contactos que el Gallito Luis. Fue así que lo llamé y le pedí que me ayudara a salir adelante. Shot de vodka que va, shot que viene, pasó a ser mi representante.

Les juro que esos fueron mi últimos tragos. Fueron varios, pero fueron los últimos. A la mañana siguiente me mandó en un charter a un campo en Siberia. Al llegar me encontré con un frío indescriptible, un preparador físico cruza con militar, una nutricionista muy ortiba y un fisioterapeuta del tamaño de un oso polar. Mi nuevo repre, el rusito, como me gusta apodarlo creatividad mediante, vio en mí algo que nunca entenderé pero que mejor ni le pregunto. Pasé a ser su proyecto de vida. Cual si fuera Capitán América, me ajustó tuerca por tuerca y hoy me animo a decir que estoy para la nueva de Los Avengers. ¿Ironman, quién te juna, gil? Doy por obvio que vieron Capitán América… De lo contrario dejen el cuento acá, vayan a verla y después terminan con esto.

¿Qué hacen leyendo? Les dije que fueran a ver Capitán América. ¡Paren de leer, carajo! ¿No fui claro o qué? Ok. No la van a ver. Que Dios los perdone entonces, yo no lo voy a hacer. Sigamos…

Hoy, nueve meses después, desde la gélida Siberia nace este cuento. ¡Fue un parto! Je, el humor que me caracteriza… ¿Te saqué una sonrisa? De nada. En fin. Ustedes pidieron tercera temporada de #LaEternaPromesa y acá empieza. El futuro de la literatura uruguaya estaba en sus manos y ahora está en las mías. Tengo mucho para contarles. Hay varios clubes interesados en esta máquina y en cualquier momento estampo la firma. Se puede poner bueno y todo, eh… aviso y no espoileo. ¿Spoileo? Qué sé yo cómo se dice. Millennials estos me vuelven loco con sus palabritas. Los dejo que me voy a por el cuarto turno de entrenamiento del día. Qué lindo volver a verlos, volver a emocionarnos juntos… Se creía que era el Canal 12 el pibe. Chivo, clin-caja. Si ven a mi madre avísenle que estoy bien, que en cuanto pueda la llamo. Ah… y sepan que un día van a tener hijos, sobrinos, ahijados o nietos, y haber visto Capitán América los hará mejores en su rol. Cierro saludando al gran Carlitos Gardel, perdón por robarle parte de la canción para el título. Una falta de respeto, lo sé…

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La Eterna Promesa XXXII

By order of the Peaky Blinders.

“Juventud divino tesoro, te vas para no volver. Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer”. ¿Eh? ¿Estamos al aire? ¡Uh! Perdón. Estaba imitando a un gallego de un video motivacional de Youtube. ¿Iu tub? ¿Yo tuve? ¿Qué tuve? Suerte. Malo, ya sé. Pónganse en mi lugar también, el embole que tengo me lleva a hacer cualquier bobada. Para donde vea, veo blanco. Nieve y más nieve. ¿Viste una hoja A4? Bueno eso. Todo el día. Agradezcan que no me pongo a escribir cuentos cortos sobre mi vida como futbolista… Ah no, pará… Antes de que lo sugieran, obviamente ya entré en la pastabase de FaceApp, hice viejo hasta al perro que no tengo. ¿Vieron cómo quedé yo? Toy’ divino. No veo la hora de llegar a esa edad para andar por la calle siendo un jubilao’ llenito de facha. Voy a ser la sensación de los asilos. Al público femenino le pido que me mande fotos de cómo van a quedar ustedes así voy viendo si les doy bola o no… Y sí, aproveché para lookearme a lo Peaky Blinder porque estoy convencido de que en mi vida anterior fui parte de esa hermosa banda de gangsters. ¿Cómo anda mi gente? ¿Cuál realiza mi club de fans? ¿Ya tienen nombre? ¿Son “promesistas”? ¿“Eternistas”? ¿Qué son? Nada. Simplemente buenas personas que por alguna razón les llega este cuento y se ven comprometidos a leerlo. Ok. Perfecto. ¿Y ahora cómo levanto esto? Soy la cobra que se cobra todo lo que hiciste, bebe. ¿La cantaron en su mente? Ya sé, es un poder que tengo. ¿Quieren que los haga gritar? ¡VAMOS CARAJO! ¿Quieren que los haga leer pausado? H O L A, P I B E, T E, A M O.

¿Se dan cuenta que soy un genio? ¿Cuándo se entrega el Premio Nobel de Literatura? ¿Es como el Balón de Oro? ¿Tengo que ir de traje o puedo caer casual? ¿Está bien cantar en vez de dar un discurso? ¡Tranquilo, Drexler! Je. A lo que venía… me llamó mi repre para hablar sobre mi futuro, tiene varias ofertas y quiere que opte por la que crea mejor. Lo correcto sería analizarlo en familia y pensar en mi carrera deportiva, ni hablar. Pero yo no soy “lo correcto”, yo soy #LaEternaPromesa, papá. Así, con el # y todo. Me divierte mucho más que decidan ustedes y después carguen con la culpa. Sin ustedes no sería nada. Un artista se debe a su público. ¿Soy artista o futbolista? ¡Futbortista! Real Academia Española, anotame esa. Hagamos así, en la cuenta de twitter de quien lucra con mi carisma, @felipecotelo, van a encontrar una encuesta con los clubes interesados en mí. Van, votan y en base a eso yo le digo al ruso qué club elegí. Él no sabe que escribo estas bobadas, nunca se va a enterar. Le digo que después de mucho pensar opté por esa oferta que creo es la mejor para mi carrera y chau.¿Qué? ¿No tenés twitter? Qué sabia decisión. Quedate así, Twitter es una selva llenita de animales que odian al mundo. Pero hacele llegar al Felipe este tu sugerencia por donde puedas y listo. Los dejo que tengo varias llamadas perdidas del ruso, no quise interrumpir el cuento para antenderlo pero si no lo llamo me va a matar. Sean felices, compartan mis cuentos y pidan mi pegotín.
De más está decir que me sentiré realizado en esta vida si alguien que aún no vio Peaky Blinders, empieza a verla por este cuento. Sería un honor. Ahora sí me voy. Fuerte abrazo de quién será el viejo más fachero de la historia. Con el perdón de David Beckham que ni compite.

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La Eterna Promesa XXXIII

Un plancha en la Uruguay europea.

¿A quién se le ocurre dejar su carrera deportiva en manos de gente como ustedes? ¡A Suiza me mandan! ¿Qué hace un plancha como yo en el país más cheto del planeta tierra? ¿Me están tomando el pelo? Y qué pelo… Bianco platinao’. Pensar que estuve a 2% de irme a Qatar a vivir como un cantante de regetón. Lleno de cadenas de oro, paseando en autos lujosos, con amigos jeques y jugando solo por la plata… Ser un terraja con todas las letras, que es para lo que Dios me trajo al mundo. Pero no, me voy al primerísimo primer mundo. ¿A qué? A hacer papelones… Lo bueno es que todo esto deja un aprendizaje, una moraleja. Como dijo el gran (?) Winston Churchill: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”. ¿Si tengo idea qué quiere decir eso? No. ¿Si sé quién fue ese hombre? Menos. Conozco a Google nomás. Pero suena inteligente y en la vida la clave está en aparentar, no en ser. Aunque, diciéndoles esto, develo mi clave, por lo que ni aparento ni soy. Bah, soy sí… un boludo soy. ¿Por qué pienso todo lo que escribo y escribo sin pensar? Qué sé yo, debe ser la abstinencia del alcohol. Pará. A todo esto me acabo de percatar que me quedé sin la chance de ser dirigido por Xavi. Debe ser de los tipos más inteligentes del fútbol y me iba a enseñar a mí, el menos inteligente de todos. Son malos eh… ¡N0! ¡Ta’ que los parió! Peor aún, ¡no voy a poder tirar paredes con Andrés Iniesta! ¿Por qué son así? ¿Qué les hice? Ya me imaginaba los titulares: “Se vuelven a juntar Pinky y Cerebro en Japón”.

“Cerebro” le dicen a Iniesta, para los anti-fútbol. Pero ta, chingó. La culpa es mía por querer hacerme el moderno, el interactivo, el digital… Mientras espero que sea la hora pactada, desde el hall del club escribo este cuento y me informo sobre dónde estoy. ¿Sabían que “Grasshopper” es “saltamontes” en inglés? Interesante eh… Zúrich es mi nueva ciudad, voy a firmar en el cuadro más grande, ganador y antiguo de Suiza aunque ahora está en la B, nadie sabe por qué se llaman así, Fussballclub Zürich es el clásico rival, y me aburrí. ¡Apa! ¡Richard Núñez estuvo acá! Qué jugador el Richar, mamá. Si leés este cuento, te quiero pila. ¡El ‘Chino’ Peralta también! Magia pura. ¡Uops! Se puso bueno… Suiza es famosa por ser paraíso fiscal. Ya me empieza a gustar esto. ¡A lavar se ha dicho! Si algún abogado, fiscal o similar me lee, no se pongan la gorra, déjenme ser. ¡Ah! ¡Claro! Yo sabía que algo de Suiza conocía… ¡El gran Roger Federer! ¡Maestro! ¡A ver si nos regalamos unos mates por ahí, eh! Deliraba el pibe… En fin. Tienen buenos chocolates, relojes caros, bla, bla, bla. Aburrido. Ni sé leer las agujas del reloj y el chocolate me empalaga. Hablan en francés, italiano y alemán. Qué divinos. ¿Por qué no hablan en árabe también? Tas’ loco, voy a tener menos comunicación que Tom Hanks en Náufrago. Bueno, ya pasó, ya estoy acá. Que el karma se encargue de ustedes. Denme un minuto que mi repre me quiere hacer leer el contrato… Hago como que lo leo y vengo. Denme un minuto dije. Si siguen con esto no me están dando tiempo. ¿Pueden parar? Miren para arriba, cierren los ojos, hagan “La Rosalía”, no sé… algo… ¡Impacientes! Un minuto de su vida les pedí.
Ni que tuvieran tanta cosa que hacer… Listo. Solo me fijé el sueldo. Estoy como quiero. Nuevo rico. Me voy a firmar, hacer la presentación oficial y todo ese color que tanto me gusta. Verán en redes alguna cosa y el martes que viene les cuento más. No me extrañen, es solo una semanita… Si tienen mi pegotín quiero que tiren foto en redes, eh. ¿Somo’ amigo o qué? Ah y si llegan a ver una entrevista en la que Felipe Cotelo habla de mí, no crean nada de lo que dice, es un chanta que lucra con mi fama. Yo soy yo y él es él. Los quiero, besis. ¡Vamo’ los Saltamonte’, guacho!

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La Eterna Promesa XXXIV

La pelota siempre al 10.

Ahora entiendo por qué lo abultado de mi sueldo, ¡qué caro es este país! Con decirles que un sánguche baratito vale 600 pesos uruguayos… Eso sí, que este país es primer mundo se los puedo confirmar. A un nivel que ni se imaginan. Si usted lector vive en Uruguay, nunca más puede aceptar escuchar “Uruguay es la Suiza de América” o “Suiza es la Uruguay de Europa”. Pero en serio. Es como comparar “La reina del flow” con “Breaking Bad”, no compiten. Esto es perfecto. La gente viste excelente, son puntuales, amables, los adultos no bajan del título universitario, los niños son genios y estudiosos. Digamos, en resumen, que son como yo… pero al revés. El auto más viejo que vi tiene seis meses, parece una película de James Bond esto. Pensé en robarme uno pero no me decidí por cuál. A ese nivel… Además, creo que si hurto uno, viene el dueño y me dice que, de manera equivocada y sin querer, tomé prestado un coche que no era mío, que si necesito me ayuda a encontrar el mío. Son divinos… Se preguntarán por la parte deportiva, porque además de un influencer, soy un futbolista… Todo viento en popa. Le caí bien al DT, los compañeros son bien piola y físicamente estoy como quiero. ¡Gracias, ‘rusito’, por esa pretemporada! Me falta un poco con la pelota, pero eso para mí es como andar en bicicleta, no se olvida… ¿Humildad? Mi segundo nombre. Pará. ¿Se dieron cuenta que nunca les dije mi verdadero nombre? Gambetas que me permito como escritor de renombre… Sigamos así, me gusta ese apodo de “el pibe” o “La eterna”. Porque soy yo y también puedo ser vos.

Sigmund Freud, tenemos una charla pendiente… A todo esto, en algún cuento debería saludar a los futbolistas que me leen. No por cholulo, cosa que soy, sino porque sé que ellos se sienten identificados en mucho de lo que me ha pasado en mi carrera. Y perdón que me ponga sentimental, pero es temprano y hace unas horas que no como, ya mi estómago habla alemán… Vieron lo que vale un sánguche, imagínense un desayuno completo… ¿Aburro mucho si pongo los nombres de los players lectores? Ok. Lo dejo para otra. ¡Breaking news! “Noticia que rompe”, para los no bilingües… ¡Me ofrecieron la número 10! Si estarán necesitados… Pensé en agarrar la 38, ese número espantoso que me acompañó hasta ahora, pero creo que es momento de cambiar. También barajé la posibilidad de pedir la 20 del maravilloso de Grossmüller, pero pobre, no se merece que le haga eso… Así que… ¡soy el nuevo 10 del Grasshopper! ¡Tomá pa vo’! Hice la vieja confiable y a la prensa le dije que necesitaba una semana para estar a la orden del mister. ¿Mister? ¿Cómo le dirán acá? Hinchas del Saltamontes, simpatizantes de este fútbol, periodistas deportivos, estén listos… se viene el pibe, se viene la zurda de cristal, se viene el 10, se viene el picante… Agárrense fuerte, están por conocer lo que es bueno. Antes de irme al club a comer, porque ahí es gratis, debo hacer un descargo. Y perdón que vuelva a mencionar a Felipe Cotelo, pero… ¡¿entienden que hasta grabó un poscas?! Creo que se dice así. Una entrevista grabada. ¡Y habla de mí como si yo tuviese algo que ver con él! Dice que yo soy su “alter-ego”… Pero por favor… a quién se le ocurre… ¡No sé ni qué es “alter-ego”! Hasta “Control-Alt-Suprimir” llego, más no… Ya quisiera él tener mi fama, mi belleza, mis cualidades futbolísticas y literarias, mis seguidores y mis haters… Sr.
Cotelo, una carta documento va en camino. Ahora sí, a comer se ha dicho. ¡Al fin, pancita! Sean felices y sean amables, como los suizos.

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La Eterna Promesa XXXV

A tomar mate con la promesita.

Debutar en el fútbol es algo que sucede más de una vez. A diferencia de lo que popularmente se dice, debutamos mucho antes de llegar a Primera. Escuchar al relator decir “debuta tal jugador en tal equipo” es algo que siempre me hizo ruido. ¿Por qué? Porque miente. Bah, no sé si miente. Pero le erra. Eso sí lo sé. Nosotros debutamos cuando de la mano de un familiar y con los zapatos nuevos abajo del brazo, llegamos al entrenamiento de un equipo de baby fútbol sin conocer a nadie. Debutamos cuando el DT a cargo un día decide mandarnos a rasparnos las rodillas a esa cancha llena de tierra. Debutamos cuando ese mismo técnico nos da la titularidad. Debutamos cuando damos el salto y llegamos a AUFI. Debutamos cuando un club nos acepta en sus juveniles. Y debutamos muchas veces en juveniles. Con un director técnico, con una camiseta, en una cancha, en otra, con la generación siguiente… Debutamos cuando por primera vez llegamos a entrenar con el plantel principal. Debutamos cuando nos rapan como ritual. Debutamos cuando nos toca ir al banco. Y sí, también debutamos ese añorado día en el que entramos a la cancha en Primera División. ¿A qué venía todo esto? Me maree. Mucho tiempo libre me hace filosofar. Ah, sí: a mi debut en el Grasshopper. Una derrota en el partido anterior apuró mi puesta a punto: “pibe, te necesitamos ya, sos nuestra salvación” me dijo el DT. Bah, o algo así… Capaz que eso de “sos nuestra salvación” no lo mencionó, y lo de “necesitamos” tampoco, pero queda más épico para el relato. A los pocos días hicimos práctica de fútbol y me sentí pleno.

Mi rol es la creación de juego, libre por todo el frente de ataque. Soy el Ignacio María González criado a vino y guiso. Me muestro, toco, apoyo, hago correr al nueve, ordeno al cinco, le pego a las pelotas quietas… ¡estoy soñado! Llega el viernes y quedo concentrado para el vital partido del sábado de tarde. Cómo extrañaba esto de las concentraciones, la habitación de hotel, masajista, vestirme con ropa “casual” del equipo, comer gratis… sí, “comer gratis” dije. Sigo peleado con los precios suizos, no pienso pagar 1000 pesos uruguayos por una ensalada, por lo que cualquier oportunidad para comer gratis me viene bien. Noche de Netflix en la habitación y me pongo a tiro con la tercera temporada de El Marginal. Siendo las 3 de la mañana capaz estaría bueno dormir. El tema es que estoy más manija y picante que nunca… Que la cancha venga el que raye. Modo Diosito on. Difícil despertar, desayuno y charla técnica para ultimar detalles. Mi nombre está en la pizarra. Voy de titular. Unos mates, almuerzo liviano y al Estadio. Un poco de cera para mi bello cabello, auriculares inalámbricos y al vestuario. Entro y la veo a ella, a la única e inigualable. La más linda. Sí, veo a mi princesa, a la dama de oro. Ahí está… ahí está la 10 colgada en mi asiento. “Es hoy” repito y repito como si un libro de autoayuda se tratara. ¿Se acuerdan que les dije que se venía lo bueno, hinchas del Saltamonte? Bueno, está por ocurrir… ¡Que empiece el show! Es hora de ir a calentar. Me pongo cinta en las medias, un poco más de cera y a darle. Veo que el DT con cara rara intenta decirme algo pero obviamente no le entiendo ni media.
Serán indicaciones… qué sé yo. Le digo que sí y enfilo hacia la cancha. El DT sigue gritando pero ya fue, para vender humo estoy yo, no él… Hasta que mi apellido suena fuerte. Muy fuerte. Freno en seco, giro y otra vez cara a cara con el DT. Qué le pasa a este hombre… Novio no quiero, gracias. También con el traductor… ¿Poliamor? “Pibe, dice el DT que le acaban de comunicar que no estás habilitado para jugar hoy”. Eso sí lo entendí. Ah claro, habló en español. No llegó mi transfer. Los chinos no mandaron los papeles. ¿Será posible tener tanta mala liga? ¿No había dejado atrás esa etapa? ¿Para qué carajo fui a una bruja? ¡Qué ganas de agarrar a piñas al compañero chino que tengo! ¿O es japonés? ¿Cuáles son los que hacen artes marciales? Mejor me quedo quietito… Vuelta al vestuario, un poquitito más de cera, mate y a la tribuna. Mi cara lo dice todo, ni los niños se acercan a pedirme fotos. Marchamos de nuevo. La gente se impacienta con el mal arranque de torneo. Hay duras críticas para los jugadores, el DT y los dirigentes. Y sí… Agua y ajo, a mí no me miren que esto con el pibe en cancha no pasaba…

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La Eterna Promesa XXXVI

Siempre que llovió, paró.

Nacer. Ser, no ser. Crecer. Aprender haciendo. Haciendo y siendo. No siendo lo que quieren que seamos. Siendo lo que nosotros queremos ser. Siendo, por qué no, algo más de lo que queremos ser. Esa es la forma más auténtica de ser. ¿Si estoy bien? No. ¿Si estoy drogado? Tampoco. ¿Qué pasa? ¿No les gustó? Bien que si lo decía Paulo Coelho igual se lo tatuaban… ¿Se animan a hacer una publicación en Facebook con esta frase y poner “#LaEternaPromesa” abajo? Por favor. Así lo ve mi abuela… A todo esto vengo estirando mi debut en el Grasshopper como un tartamudo estira un piropo. Lo vengo demorando cual ‘Coco’ Conde un saque de arco. Pasa que conseguir esos papeles estuvo más complicado que ganarle a Cerro Largo en Melo. Pero bueno, amenaza mediante los chinos se pusieron las pilas. Es hoy. Debutó el tano Daniele De Rossi en La Bombonera y no voy a dejar que me robe los flashes. Pasante de un medio periodístico deportivo, tenga su titular: “Joya uruguaya brilla Suiza”. El partido ni empezó, pero ya sé que voy a brillar y no por mi ausencia. ¿Se acuerdan todo lo que les dije el cuento pasado sobre la previa? Bueno, todo eso de nuevo. Concentración, El Marginal, estoy re picante, desvelo, desayuno, mate, almuerzo liviano, charla técnica, bus al estadio, auriculares, foto pala’ historia de Instagram, la 10 en el vestuario y al calentamiento. Ahora sí. La gente está contenta… Intento concentrarme en los ejercicios precompetitivos pero tanto aplauso me distrae. Creo que encontré mi lugar en el mundo… Me quieren y ni jugué… “El plancha que conquistó Suiza” le voy a poner a la autobiografía que nunca voy a escribir.

Vuelta al vestuario y calzarse al fin la 10. Mi 10. ¡Me queda pintada! ¿Está hecha a medida? El espejo me dice que estoy hermoso, el capitán me alienta en un idioma que obviamente no entiendo y a jugar. El arranque nunca es fácil, siempre estás un poco nervioso y sabés que tu primera jugada te va a marcar el resto del partido. Aseguro y de a poco me voy dejando llevar… Me voy soltando como el tío borracho en un casamiento… Ya a los 15 minutos tiro un caño hermoso que pasa limpito para poner a la hinchada de pie. ¿Qué hacían sentados? ¡Esto es sangre uruguaya, my friends! Y me enciendo por dentro… Zapatazo de treinta metros y ¡ping! suena el travesaño. Qué lindo se pone esto… Mis compañeros me las dan todas, saben que estoy con la flechita para arriba. Otro caño, una pared, dejo solo al nueve pero ataja bien el golero. 0-0. Por ahora… Todo no puedo hacer… ¿O sí? Se va el primer tiempo. ¿Y si hago la individual? Arranco por la izquierda y tomo la diagonal hacia el arco a pierna cambiada. Viene uno de costado y ¡tac! pared con el cinco. Aparece otro marcador, doble pisada y un besito bien grande. Coma pasto usted que es vegetariano. Siento que alguien me respira atrás y pongo cuarta para despegarme en velocidad. Paso también al zaguero y así como quien no quiere la cosa: cara a cara con el arquero. “Somos tú y yo” diría el Lolo. Hago el gesto de que le voy a romper el arco pero en vez de rematar paso el pie por el costado de la pelota. Arquero al piso por el amague y la mesa está servida. Sonrío. La jopeo con la clase de Zidane y ahí tienen, señoras y señores suizos, pasajeros de este precioso viaje llamado #LaEternaPromesa, una pequeña muestra de lo que soy capaz.
¡QUÉ GOLAZO QUE HICE, VIEJITA! El festejo es acorde al gol, por supuesto: hago el mismo gesto que un actor al terminar su obra de teatro. De nada, Saltamontes, ustedes se lo ganaron. Sí, guarden la entrada que a sus hijos y nietos les van a contar lo que vivieron: “Una vez un uruguayo vino acá y en el debut hizo un gol que ni Maradona ni Messi”. En el segundo tiempo fui yo de pelo lacio y muela de oro. Pero no quería mostrar mi repertorio completo, mejor vamos de a poco. Preferí que quedara el recuerdo de ese gol, por lo que me dediqué a divertirme. Caños, bicicletas, pases sin mirar, risas cómplices y una hermosa conexión con el hincha. ¿Querían show? Ahí tienen. A los 80’ salí aburrido de tanto pintarle la cara a los rivales. Ovación cerrada, me doy unos golpes en el corazón como para llenar de humo el estadio y después aplaudo agradeciendo. El DT me mira como quién mira a su novia en los primeros meses de romance, los suplentes me felicitan a lo NBA y me voy manso como la yara a sentarme al banco. ¡Que me quiten lo bailado! Nunca nadie usó tan bien esa frase, que quede claro. Literal, literal. Pitazo final. 1-0. El golero rival no puede ni levantar la cabeza. Entendible, es la humillación. Ánimo compañero, que la vida puede más. Jugador del partido, fotos, firmas, intentos de entrevistas que fracasan por el idioma y a casa sintiéndome el puto amo. ¡Me revienta el Instagram! ¡Se me dio! ¿Querían final triste? ¿Pensaban que venía un giro inesperado para que esto terminara en fracaso? ¡No! Otra vez será, haters. Hoy la suerte me dio un abrazo. ¿Podemos cerrar con un tema para musicalizar? ¿No? Ya sé que esto no es un programa de radio, pero pensé que se podía… Estamos en 2019… En fin.
¿Me hacen el favor de regalarse “Mi país” de Ruben Rada? No tiene nada que ver con el cuento, pero se extraña el paisito y ese tema me eriza hasta los pelos de la nariz. ¡Hasta el martes que viene! Los quiero y sé que ustedes a mí. Básicamente porque si no me quisieran no estarían leyendo estos cuentos… Jeje. Si no les contesto en Instagram ya saben por qué es…

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La Eterna Promesa XXXVII

Me llamó el maestro.

Fueron pocas las palabras, pero bastaron para ver en un segundo, toda la serie de mi vida. ¿Vieron ‘Apache’, la de Carlos Tévez que está en Netflix? Bueno, eso. Vi todo lo vivido hasta llegar a Primera. Al mundo vine de apuro, no me esperaban tan rápido, pero fui molesto desde que pensaron en tenerme. Mis primeros pasos, mi vieja haciendo de madre y de padre, ya que mi viejo jugó a las escondidas como un profesional. ¿Ese chiste lo agarraron o lo tengo que explicar? Se fue, se tomó el buque, le dijo que volvía en un rato y nos vemo’… dejó a mi mama sola con un diamante en bruto en sus manos. El diamante sería yo. Y el bruto también. ¿Todo les tengo que explicar? La abuela Yaya retándome porque vivía por y para la pelota de fútbol. Y sí, si es lo más lindo que existe. El jardín del barrio, la Escuela 32. Esa fue mi infancia. Era la escapatoria al mal entorno del barrio. Era agua en el desierto, era un pancho al pan completo a la salida del baile… El nivel de metáforas que manejo está cada vez mejor… Después llegó lo demás. El liceo, abandonarlo en 2do para dedicarme al fútbol. Todo por perseguir un sueño irreal pero que era, para mí, la única forma de ser alguien en este mundo. Y a los ponchazos, probándome en varios equipos, peleándome con DTs, yendo y viniendo, empezó la historia que ustedes ya conocen de cuando me subieron al plantel principal. El camino fue, sin duda, gran parte de la recompensa. Y todo eso pasó por mi mente con la llamada del Maestro. Sinceramente, todavía no caigo… ¡Se acordó de mí! ¡Gracias, Suiza! ¡El Maestro llamando al pibe! El Maestro López, el de mi escuela, llamándome para contarme que se enteró por la tele que estaba jugando acá y le pidió a mi vieja mi número para saludarme y felicitarme.

Entre lágrimas y con orgullo me dijo que iba a intentar ver mis partidos de ahora en más. Qué fenómeno el Maestro… Pará. No me digan que… Nah. ¿En serio se pensaron que me había llamado Oscar Washington Tabárez? Jajaja. Son divinos… ¿El pibe a Selección? Jajaja. Pero mijo… no sea nabo’… Mire si me van a convocar a mí… El cupo de “tiro al aire” ya lo tiene el ‘Pelado’ Cáceres, juntos seríamos dinamita. En dos minutos armamos ACCC: Azabache Café Complejo Celeste y al carajo el Proceso. Si se ilusionaron les pido mildis. No era la idea. ¿Para qué habré contado todo esto entonces, no? Qué pérdida de tiempo… Peren’, no dejen el cuento acá. Les prometo un a sonrisa para el final. Dos partidos, dos asistencias y dos goles me dieron el premio de jugador del mes. ¡Voy a estar en el FIFA20! Mi ego anda por allá arriba cabeceando aviones. ¿Vieron el nuevo detalle en mi cabellera? ¿Cómo queda ese nuevo color? Niños, no lo hagan en sus casas. Es por su bien. No es fácil andar por la vida con tanto estilo… Y antes de que me odien, cierro con lo prometido. Chiste para todo público:

- Soldado López
- ¡Sí, mi Capitán!
- No lo vi ayer en la prueba de camuflaje…
- ¡Gracias, mi Capitán!

Nah, es buenísimo.¡Petacular! ¿Otro?

- Che, ¿se nota que estoy borracho?
- ...
- ¡Eu, contestame!
- ...
- Estufa de porquería, te hacés la importante…

Yo debería haber sido humorista… No me echen, me voy solito…

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La Eterna Promesa XXXVIII

La madre del 10.

El otro día un fiel seguidor me dijo: “tus cuentos son lo mejor que leí”. Y sinceramente, me emocioné. Me tocó el cora… Después me aclaró que no había leído nada más. Pero me quedo con lo primero… Suiza me tiene feliz, esto de andar por la calle con mi look Peaky Blinder y que la gente todavía me pare para saludarme es un sueño. Selfies, selfies y más selfies. Calma, chicas, soy de mi mamá yo. ¿Les conté que se venía de vacaciones? Acá anda. Más perdida que Icardi en el Día del Amigo. Mira a su alrededor como si estuviese rodeada de la Realeza, no puede creer tantos buenos modales. El otro día tiró un ticket a la vereda y vino un niño sonriente a decirle “madam, se te cash un paper”, que para los que no saben inglés, dijo “señora, se le cayó un papel”. Para qué… casi le sopla todos los mocos de una cachetada. “Pendejo atrevido, ¿quién se cree que es?”. Obviamente lo volvió a tirar… Tranquila, ma, te vas a ir adaptando… O no. Magínense’ lo que fue cuando la invité a cenar y vio la cuenta, casi prende fuego el restaurante. Al mozo lo quería hacer al horno con papas. “¡Me están robando! ¡Se piensan que me van a venir a judear a mí! ¡Traeme a alguien que hable en español que le voy a contar cuántos pares son tres botas!”. ¿Uno y medio? Pensándolo bien no fue una idea muy brillante la de traerla para acá… Quise desafiar la frase “aunque la mona se vista de seda, mona queda” y me salió pal’ demonio. En el super se peleó con una señora embarazada que se le adelantó en una caja… era “solo para embarazadas”.

No hay seda que la arregle. Estuve toda la semana distraído por ella pero llegó el fin de semana, sos mi vicio mi pecado. *Chiste válido solo para quienes vieron El Marginal. Día de partido. Jugamos de local y allá la llevé a la vieja. Se plantó en la tribuna cuál barra brava, por supuesto. Mientras calentaba la veía y no sabía dónde meterme de la vergüenza. Quería el mejor asiento y que le dieran bebida y comida gratis por ser “la madre del 10”. Imagínensela diciendo, en un inglés aprendido en Youtube, “Aiyam la mai del die”. Imposible que le entiendan. Me persigné y no miré más para la tribuna. Que sea lo que Dios quiera. Partido importantísimo para quedar solos arriba. Ascender no es una opción, es una obligación. Grasshopper no puede estar en la B. Pero no todo es tan fácil como parece. Primera jugada, gol del rival. Segunda jugada, gol del rival. Ni cinco minutos, 0-2 y una goleada que se avecina a la vuelta de la esquina. Viene Diego rumbeando… *Chiste válido solo para quienes conocen a Las Ketchup. El DT re caliente saca al zaguero que fue el que falló en las dos jugadas. Antes de salir, el capitán se me acerca y me da la cinta: “Hoy te convertís en héroe”. A mi juego me llamaron, ¡amo a los superhéroes! Además mi mamita me está mirando. Paso a tres y dejo solo al nueve. Gol. 1-2. El humo que empecé a vender le peleó a la par al del incendio del Amazonas. Si ofendí a alguien con ese le pido mildis. Se iba el primer tiempo, penal. No me la saca ni Neymar ni Ortigoza. Mío. ¡Boom! 2-2 y más humo con gestos a la tribuna. El segundo tiempo fue de película.
Patadas, puteadas, amarillas, rojas, atajadas increíbles, hasta que… el pibe puso el broche de oro. Último minuto de los descuentos y de 35 metros mandé el esférico a besarse con la red. Y hablando de besos, el chupón que le metí a ese escudo en el festejo fue de adolescente. Ni en “Diario de una pasión” alguien besó así. ¡3-2 en la hora! ¿Dónde van a poner mi estatua? No pude disfrutar mucho porque al llegar al vestuario, me dijeron que mi madre estaba borracha, en la puerta, gritando “¡soy la madre del die’!”. La subí a la valija del auto y la llevé derechito al aeropuerto para terminar con esta odisea. Gracias por venir, ma… Buen regreso y mucha suerte para el que le toque viajar al lado tuyo. Sean buenos, no es fácil ser ella, parió a un crack… Los dejo, amiguitos. Habla bien de mí que siga escribiendo, acá soy ídolo y figura, ya no necesito esto para tener fans. Ai don spic espanill. Jeje, joda, joda, los re quiero. ¡Hasta el martes que viene! Sueñen con LEP y si alguien les pregunta quién es el mejor jugador del mundo, digan: “Yo vi jugar a #LaEternaPromesa”.

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La Eterna Promesa XXXIX

En blanco y negro

Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que empecé a escribir sin saber muy bien qué era lo que les quería decir. Pero sigo, escribo… avanzo y lanzo, mi mente imagina, mi razón alucina y yo toco bocina mientras saludo a la vecina. Me gusta y me asusta, mi creatividad vuela pero extraño las tortafritas de mi abuela. Ah no… Frenemos acá. ¿Se dieron cuenta lo poético que sonó todo eso? Vuelvan a leerlo. ¿Y? ¿Valoraron el pedazo de arte que les regalé? Ya estoy para plantarme en una Batalla de Gallos contra el Wosito o Trueno, o los dos juntos… En caso de que no tenga idea qué es “Batalla de Gallos”, “Wosito” y “Trueno”, Youtube tiene la respuesta. Pero en resumen, son pibitos raperos que se dicen de todo con rimas, mano a mano, y sin llegar a los golpes porque tienen códigos. Así de raro como suena. Volviendo al comienzo del cuento, es verdad que últimamente me cuesta sacar historias de la galera. Mi realidad deportiva me está sonriendo tanto que hasta siento que no me van a creer si les cuento todo lo que estoy logrando. Y además ustedes esperan que me pasen cosas raras, increíbles o graciosas. Básicamente, me leen para reírse de mí, no conmigo. Pero me gusta, eh… ¡Autobowling! ¿Si sigo haciendo goles? Sigo, ya van 9 y mis festejos mejoran partido a partido. ¿Si no me echaron por boludeces? Negativo central, gracias VAR por no venir a esta Liga. ¿Si soy la figura del equipo? Obvio que sí, eso ni se pregunta, soy #LaEternaPromesa, papurri. El último 10. ¿Si me revienta el Instagram de solicitudes de seguimiento? Porsupus’, pero como me escriben en otro idioma no tengo ni noción de lo que quieren.

Macanas extradeportivas me mandé muy pocas hasta el momento, nada que no se pueda contar… Me multaron por no pagar el transporte público, qué quieren que haga si nadie controla. No voy a ser tan gil de andar regalando plata. Vengo de Uruguay, papá, si puedo sacar ventaja, la saco. También me multaron por cruzar la calle por la mitad. Ahí me enteré que solo se puede cruzar en semáforos y con la luz verde. Chau uruguayez. Hace poco me cayó la policía a casa por hacer un asado en un mediotanque. Resulta que no se puede usar ese magnífico invento y además hay días específicos en los que está permitido hacer “asados” y tiene que ser en “parrillas a gas”. ¿Parrillas a gas? ¿Más anti-patria no quieren que sea? Pero son perlitas nomás, comparado con las que me mandaba en China, no dan ni gracia… Je. Lo que sí, trayendo a colación un cuento anterior, a veces me pregunto si el ‘Maestro’ Tabárez sabe que existo… Digo, lesionados Cavani y Suárez, Stuani declarando en la justicia… ¿No hay lugar para el pibito que escribe y juega? Prometo no armar un Azabache Café en el Complejo Celeste, era solo una bromilla… Igual no me enojo, canto como Maradona el otro día en el primer entrenamiento con Gimnasia y Esgrima de La Plata: “Volvermo’, volveremo’, volveremo’ otra vez, vamos ajsaknskhabkhfs, vamos a volver’”. ¿Qué quiso decir? Nadie sabe, pero si lo dijo Maradona está bien. Otra cosa antes de irme a entrenar, ¿por qué nunca soné para Peñarol o Nacional? Cumplo con todos los requisitos que le gusta a la prensa: nunca me vieron jugar pero supuestamente soy bueno, nací en Uruguay pero me fui al exterior de chico, estuve en China y ahora “triunfo” en Europa.
¿No tienen mi número? ¿Les paso mi Uasap? Quiero verlos titular: “Llegó la vedette del mercado de pases, Nacional y Peñarol buscan convencer a #LaEternaPromesa de que vuelva al país”. Hagan toda la novela y cuando sea best seller, me llaman y declaro que en Uruguay yo solo juego en Danubio. ¿Cómo queda? ¿Les había dicho que era del Danu? Ignacio María González tiene la culpa, Carlitos Grossmüller también. Bueno, Jadson el levanta copas y Pablo ‘bolita gandora’ Lima son cómplices por supuesto… El otro día hice un golazo y lo festejé mostrando la remera, guiño-guiño. Siempre quise jugar en Jardines con esa franja hermosa en el pecho. Tengo hasta pensado a quién se lo dedicaría: a la famosa “Banda del Rincón”. No los conozco personalmente, pero sé que me leen y tienen un muy buen nombre. Ahora sí los saludo y hasta el martes que viene, pero cierro con el mismo estilo que un perro tiene. No improviso porque escribo y reviso, pero bien que les gusta seguir la proeza de #LaEternaPromesa. ¡Ja! Touché.

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La Eterna Promesa XL

Ahora después.

No puedo empezar este cuento sin aclarar algo que quizá malinterpretaron de lo que dije en la escritura anterior. Si bien me gustaría jugar en Danubio, no sería ya. Tengo contrato por dos años, recién llevo unos pocos meses acá en el Grasshopper y quiero ascenderlo a la A. Me gusta contar historias pero mucho más hacer historia. Así que, gente amorosa del Danu que me contactó por redes sociales, nos vemos ahora después. Que es como decir “ahora”, pero también “después”. Es un vacío legal en la línea del tiempo. Una frase tan perfecta como absurda que te da libertad total. ¿Cuándo es “ahora después”? Ni idea, man. Pero en algún momento será. Así que corto en seco con la ilusión de los franjeados, cambio de tema y vuelvo a mi actualidad en Suiza. Cual Bart Simpson, debería ponerme a escribir en el pizarrón: No jugar al fútbol 5 mientras estás en competencia, no jugar al fútbol 5 mientras estás en competencia, no jugar al fútbol 5 mientras estás en competencia… ¡Qué tarado que sos, pibe! O sea, que tarado que soy. Me quise hacer el Carlos Tévez siendo el jugador del pueblo y me sumé a un picadito que estaban jugando unos niños en una plaza. Digo “en una plaza” y ustedes se imaginan una de Uruguay, pero no, acá hay canchas de fútbol públicas que están mejor que el 95% de las canchas de Uruguay. No tengo pruebas pero tampoco dudas. El pasto es un sintético hermoso, las redes de los arcos son perfectas, hay tribuna, tanteador digital, dispensadores de agua, bicicletas fijas para hacer calentamiento, vestuarios, es magnífico. Pero debo citar a Mujica: “como te digo una cosa, te digo la otra”… Así salen los nenes suizos, son más chetos que los chetos.

No conocen el barro, no les gusta ensuciarse, te miran de reojo si los trancás fuerte, se empilchan como si fuera la Champions League… les falta mucho baby fútbol uruguayo. ¿A qué venía todo esto? Ah, sí. A lo estúpido que fui. O soy… Me pidieron que jugara un rato y quise cumplirle el sueño a esos botijas. Estuve en su lugar y me hubiese encantado que un ídolo mío lo pateara un rato conmigo. Al principio del partido chiveaba nomás, paradito tiraba algún truco y fácilmente dejaba menores no infractores por el camino. Pase va, pase viene, gol, pase va, pase viene, gol. Pero sus caras de admiración me motivaron. Me afilaron y le puse más ritmo al picado que DJ Alex a un tema de Reik. *Si no conoce a DJ Alex, Youtube lo va a sorprender, te hace bailar música de Beethoven igual. Pero me endulcé y el dulce pica los dientes. Queriendo hacer el gol Maradoneano, me avisó el posterior. “Me avisó el posterior” es una forma muy futbolanga de decir que tuve una contractura, un dolor muscular. Y el posterior es el que está detrás de la pierna y abajo del totó. La cola. Así que, en español, me contracturé feo. El tema es que no iba a poder justificarlo al día siguiente en práctica. Está en el contrato que firmé, no puedo hacer ninguna actividad deportiva afuera del club. Y cuánta razón tienen… Puse cara de nada y entrené como un campeón a la par de mis compañeros jueves y viernes. Quien me veía seguro pensaba que tenía una pata de palo o me sentía mal del estómago, pero yo ni “mú”. Llegó el partido del sábado y el DT me pregunta: “¿Estás para jugar?”.
¡MA’ VALE’ QUE SÍ! Soy “el uru”, tengo huevo. Y muy pocas neuronas. Primera jugada, minuto 2’, intento ejecutar una corrida en velocidad ante un pase largo y cual si fuera un balazo, siento como si me clavaran un puñal en el posterior. Desgarro de 4 milímetros, 21 días afuera, una puteada en suizo que entendí perfectamente y un 0-2 para resignar la punta en la tabla. A todo esto, ojalá que el mister no lea mis cuentos porque se estaría enterando en este momento el porqué de mi lesión. Algo que me dejaría, en consecuencia, sin club. Hola, Danubio, ¿todo bien? Jeje. A rezar porque no me lea y porque mis compañeros se pongan las pilas y puedan ganar algún partido a pesar de mi ausencia. Dirán “qué creído”, pero no, soy el corazón, el alma y el cuerpo de este equipo. Me falta tirar el centro y después cabecearlo nomás… Igual, no me arrepiento tanto, la sonrisa en la cara de esos niños y la foto que se llevaron, me sirve de consuelo. Ah, y antes de cerrar esta patética anécdota, en un acto que me enaltece, voy a tener el gesto de saludar a Felipe Cotelo por su cumpleaños. Si bien hemos tenido muchos encontronazos, un fan es un fan. Entiendo que quieras ser como yo, pero lamentablemente no va a ser posible. Eterna Promesa hay una sola, y soy yo. Salud, guacho, te mando un abrazo. Cuando vaya a Uruguay te llevo una pilcha de regalo así subís foto al Instagram…

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La Eterna Promesa XLI

Martín, Martín, Martín Palermo.

Solo un futbolero que entre en la categoría “adicto estúpido” puede predecir de qué se trata este cuento solo por el título. Para los mundanos tradicionales, esos que viven su vida a pesar del fútbol, que no les amarga la semana que pierda su club ni se transforman en Miss Alegría por una victoria en la hora, les voy a contar lo que pasó. Perdón si se me va más largo de lo normal, créanme que vale la leída. Martín Palermo es, en pocas palabras: todo lo que está bien. Ex-futbolista argentino, delantero, con las mismas cualidades físicas que un árbol, pero con una especie de atracción divina por el gol. Ni debe saber cuántos goles hizo en su carrera ese anormal, ¿un millón? Pero lo traigo al cuento ya que uno los hitos de su carrera fue muy similar a lo que me pasó el fin de semana pasado. Ordenando las cosas de manera correcta, lo que hice el domingo en el clásico fue parecido a lo que él hizo muchos años atrás. Es más, con el respeto que merece, voy a escribir el resto de cuento de pie. Pierna querida, aguantame una más. Como les conté, el desgarro me dejó técnicamente out de las canchas. Se dice que en 21 días se cura y recién ahí podés volver a jugar. No iba ni 5 días de recuperación pero se jugaba el clásico. Y si hay algo que le gusta al uruguayo, es jugar un clásico. Para un vendehumo como yo, es la gloria, no hay otro partido como ese para aplicar el Manual del Smokeseller. El problema es que al tener desgarrado el posterior, no había mucho que pudiera hacer. El viernes lo encaré al doctor: “no sé qué se puede hacer, pero yo el domingo tengo que estar a la orden”.

Me miró sorprendido, estupefacto, incrédulo. Pequeño detalle, no habla español. Por eso su cara… Fui a buscar al traductor y él se lo hizo entender. Contestó que era una locura. Un desgarro, si no se trata bien, con mucha quietud, puede crecer y por ende alargar el tiempo de recuperación. Pero insistí. Estaba decidido. La ciudad entera necesitaba ganar el clásico, y nosotros, como equipo, no podíamos decepcionarlos. Hablé con el DT y entendió que, si bien era una demencia, estaba en todo mi derecho de querer hacer ese sacrificio. Pinchazo mediante, el doc aclaró que no iba a aguantar mucho en cancha. Jugar desde el arranque nunca fue una opción, sería como hacer jugar a Riascos en Peñarol. ¿Me explico? Fuimos al banco, yo y mi pierna derecha semi dormida. Funcionaba pero no la sentía. Nunca me drogué, pero debe ser algo así. Estadio repleto y una lluvia intensa que le daba al partido un marco perfecto. Primer tiempo 0-0 pero con de todo. ¡Divino partido! Divino para estar adentro, no afuera como un gil. Segundo tiempo y la cosa se puso fea. A los pocos minutos llegó el gol suyo, 1-0 y a atrincherarse en el fondo. Dos líneas de 5, parecían un ómnibus adelante del arco. Era más fácil entrar a Estados Unidos siendo mexicano narco, con eso les ilustro la situación. Se acercaba el final… el resultado seguía igual y un intercambio de miradas fue suficiente: a la cancha. Obviamente ni calenté, qué sentido tenía si ni trotar podía. Pero, queridos amigos, ya saben que el pibe que escribe y juega siempre da que hablar. Córner a favor en el minuto 89’. Un comité entre todos los dioses decidió que la pelota cayera en mi cabeza y… ¡GOLAZO! 1-1 y la locura a flor de piel en el estadio.
Dicen que la Bombonera late, yo les puedo jurar que en ese momento temblaba la cancha. 4 minutos de descuento. Nosotros estábamos satisfechos con el empate, pero la gente quería más. Tenían razón, no era lo suficientemente épico, menos para un tipo como yo que colecciona momentos memorables. Tiro libre ofensivo para ellos. “¡Es la última!” grita el juez. Menos el arquero, todos los suyos al área nuestra. Como yo no podía seguir ni a una estatua, me quedé en la mitad de la cancha. Patean, rebota en la barrera y la pelota me queda a mí. De película. Recibo, giro y es mano a mano, yo contra el guardameta. Pequeño detalle, me faltaba media cancha para llegar a enfrentar al de guantes. La adrenalina me copó el cuerpo y como si estuviese sano arranqué a correr. ¿Y la lesión? ¿Y Candela? ¿Y la vuelta de Salgueiro a Danubio? ¿Y lo de “última jugada”? Desesperado el pobre golero pedía a gritos que el juez terminara el partido. ¡Plantate, cobarde! Gesto de “siga, siga” del juez y yo “seguí, seguí”. Cuando estoy por llegar al área… ¡PUF! Otra vez el pinchazo asesino en el posterior. Ahí estabas, lesión. Tanto tiempo… Sentí literalmente cómo se me abría al medio el músculo. Pero ya estaba en el baile, tenía que bailar. Había una sola chance, desde donde estaba parado, picársela al arquerito que había salido a achicar. Ni un paso más podía dar. No sé cómo fue que sucedió, pero la jopee como el ‘Burrito’ Ortega… Con la vista nublada alcancé a ver cómo la pelota bajaba justo a tiempo y entraba como pidiendo permiso al arco. ¡G O L A Z O! Casi moribundo, de rodillas, me saqué la camiseta y le agradecí a la vida por ese momento hermoso.
Igual duró poco. Me desmayé del dolor a los pocos segundos y no supe más nada hasta el día siguiente. Los diarios hablan del mejor clásico de la historia, los hinchas quieren ponerle mi nombre a una tribuna y la gente del club dice que nunca habían vivido algo igual. Me animo a afirmar, sin derecho a réplica, que soy el tipo más feliz en de la tierra. ¿Eterna Promesa? Tu hermana. Soy el puto amo de Suiza. Ahora me voy a volver a sentar que no aguanto más el dolor. Gracias, Palermo querido, por inspirar mi hazaña. Y perdón por opacar la tuya, pero bueno, soy el pibe de oro… Y con qué lomo eh…

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La Eterna Promesa XLII

Plata o plomo

¿Se asustaron con el título, eh? Re que entraron pensando que se había podrido la cosa y nada que ver… Chicanas, amagues, lujos del reconocido literario y jugador del momento, ese que escribe casi tan bien como le pega de zurda. No te preocupes, má, estoy de novela, guiño-guiño, en plena recuperación de mi lesión y viendo en HD cómo recaudan plata para hacer mi estatua. Al principio pensé que era una broma, algo del momento eufórico post clásico. Pero no, la cosa es seria, y la casa también. Un grupo de hinchas, con el aval de la dirigencia, comenzó una campaña para poder pagarle a un escultor y que haga una obra maestra en homenaje al maestro. Juego con las palabras a nivel Neruda… o para los freestylers, a nivel Bnet. ¿No es veldá? En fin, ¿ahora sí entendieron el título del cuento? O ponen plata o los quemo, corta la bocha. Nah, mentira, man, Pablo Escobar no es de mi agrado. Igual pueden colaborar, no me enojo… Dentro de la web oficial del club, gente de todas partes del mundo está aportando su granito de arena para la movida. Aunque sería mejor que aportaran plata, con granitos de arena no hacemos mucho… Un castillito capaz… Jajaja, qué gracioso que soy cuando me lo propongo. ¿Lo valoran? Es humor para toda la familia. “#LaEternaPromesa, cuentos de fútbol con risa asegurada. Si no lo hago reír, le devuelvo el tiempo perdido”. Y como una sonrisa les robo seguro, no pasa nada con eso de que no se pueda devolver el tiempo. Para cerrar lo del monumento, adivinen quién hice una importante donación anónima para darle un empujón a la cosa… Jeje.

Igual no quemen, les cuento porque estamos en confianza. No me hagan quedar como un boludo. Cambiando un poco de tema, qué buen momento para estar lesionado, eh… Me vino como anillo al el dedo. Tengo tiempo para ponerme al día con Elite, para ver la última de El Marginal que al fin la subieron a Netflix y para devorarme la quinta de Peaky Blinders que sale el viernes. ¡THE FUCKING PEAKY BLINDERS! Vuelven los más picantes de Inglaterra, los Shelby brothers. Si esto es un sueño, déjenme dormir cinco minutitos más… El cuento anterior fue largo como piropo de tartamudo, o como esperanza de pobre, o como minuto de microondas… y este va a ser corto como patada de chancho, como abrazo de tiranosaurio Rex o como carrera política de El Gucci. ¿Por qué? Porque quiero y porque puedo. Mis cuentos, mis reglas. Cualquier cosa, dejan su queja en www.nomeinteresa.com.uy que con gusto la ignoraré. Para cerrar, les dejo tres dichos o frases, como para que se lleven algo útil de este malísimo cuento. El primero, “el tiempo sin ti… es empo”. Dale que lo sacás… Segundo, “lo ______ es invisible a los ojos”. De salón. Y va el tercero… y va el tercero, y va el tercero y gol de River, gol de River… A Mauro Zárate no le gusta eso. Que se joda por traidor. Hasta luego, mi gente. Los saluda atentamente, su ídolo, el que no es barat… el pibe de oro.

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La Eterna Promesa XLIII

No sos vos, soy yo.

Llegó el cuento número 13 de la tercera temporada y con él, otro ciclo que se cierra. No todo es como uno quiere, ni uno quiere a todo como es. Si esa la leyeron rápido y siguen de largo es alta frase… No la vuelvan a leer, pierde la magia. Y sí, entendieron bien: se terminó. Lo nuestro no va más. No, no lloren, no es para tanto. Tranquilos, no se corten las venas, no vale la pena. Ey, no recen, ninguno de sus Dioses me va a hacer cambiar de opinión. Yo sé que sin mí su vida no tiene sentido, pero bueno, cosas que pasan… No LEP, no party. Esa fue en inglés, por las dudas… Les juro que quería darle un cierre más épico a esto, pensé hasta en inventar alguna locura, pero no pude. A ustedes no les puedo mentir… ¿Les canto la posta? ¿En cumbia o en plena? Jajaja, yo me equivoqué y pagué, pero el humor no se mancha. No, en serio, resulta que la hija del presidente del club, fan mía como toda persona de bien en este mundo, llegó, no sé bien cómo, a leer mis cuentos. Ergo, los leyó su padre, por supuesto. Y digamos que mucho no le gustó la cosa… Se enteró, por ejemplo, de la razón real de mi lesión. También conoció mis caprichos, mis burlas hacia el idioma, el país y su cultura. Me llamó ladrando y sin introducción me citó para una reunión de carácter urgente. No necesité ni traductor: “o dejás esos cuentitos de porquería o se termina lo tuyo en el Grasshopper. Los hago públicos, te rescindo sin pagarte un peso y arrancás para las 8 horas”. Cualquiera diría que eso es extorsión, pero no sé bien cómo se manejan acá… Estuve a una milésima de segundo de mandarlo a bañarse, acomodarlo con un buen soplamoco y tomarme el primer avión a Uruguay… pero por la ventana de la oficina vi mi estatua.

Es perfecta. Y sí, obvio, si es mía… Además me salió carísima… Y pensándolo bien, eso de las 8 horas no es para mí. Embrague a fondo y una reversa nuevita: le pedí perdón. Es que algo de razón tiene, me trajo para jugar y ascender, apostó por mí cuando hace meses no jugaba y me dio todo, no puedo estar con la cabeza en escribir. O sí, pero en escribir mi historia en el club. Así que, amigas y amigos, seguidores y seguidores, hasta acá llegué… Una pausa más en estos hermosos cuentos titulados “#LaEternaPromesa”. Voy a lograr el ascenso siendo la figura del equipo y después quizá vuelva. Quizá. Quizá sí, quizás no. Prefiero no prometer, no me va muy bien con eso… Sepan que los quiero y los voy a extrañar. Espero que cada martes se pregunten: ¿y LEP? Igual tranquilos, sé que se van a acordar de mí cuando vean algo gracioso que le pasa a un jugador. Donde haya un gol errado ridículo, ahí estaré yo. Donde haya un golazo de ese jugador que nunca pensaste que podría hacerlo, ahí también estaré yo. Donde haya un jugador que se pierda un partido por hacerse un tatuaje, ahí por supuesto que estaré yo. Donde un jugador se lesione por jugar con sus amigos, ahí claro que estaré yo. Soy omnipresente porque vivo en cada jugador y en cada uno de ustedes. No me extrañen, no me lloren, no me llamen. Bueno, mejor vos sí, vos llamame, mimosa. Chau, los quiero. ¿Qué? ¿Un último chiste? Ok, se lo merecen. Ahí va:

-¡Qué fortuna hizo Henry Ford con los autos!
-¿Y su hermano Roque con los quesos?

Na, na na, ¡buenardo! ¿Uno más y no joden más? Por ustedes lo que sea… “Un albino se perdió en el monte.

Para encontrarlo, su padre disparó 2 veces al aire. Y claro, al ¡PAM-PAM!, albino vino”. Y con ese cerramos, no sea cosa que les dé algo de tanta risa. Sí, pueden repetirlos con sus amigos. Sí, pueden apropiárselos, no pasa nada. Lo mío es suyo. Menos mi fortuna y mi facha. ¡Sean felices!

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