Qué son las “sobras evolutivas” y cuáles podemos encontrar aún en nuestros cuerpos

Hay una periodista que estudió la evolución y asegura que el cuerpo es un museo viviente de historia natural. Ella dice que hay que observar de cerca para comprender algunas pistas de la evolución.

Los científicos y antropólogos las llaman “sobras evolutivas”.

Se trata de todas aquellas partes del cuerpo humano que no cumplen una función específica en la vida moderna, pero que todavía se encuentran allí por una sencilla razón: la cadena evolutiva.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que estás “sobras” eran determinantes para la supervivencia. Aunque con el paso de los siglos, la vida tal cual la conocemos cambió. Y seguirá cambiando y evolucionando para arrojar un cuerpo más eficiente y adaptado.

Vamos a repasar algunas de las partes del cuerpo que hoy están en desuso y también para qué sirvieron a nuestros antepasados.

Dorsa Amir, una antropóloga de la evolución del Boston College, dijo que el mejor ejemplo quizá sea el apéndice. Diversas investigaciones señalan que este órgano colaboraba con la digestión de plantas con exceso de celulosa. Los primeros homínidos tenían una dieta vegetal mucho más pronunciada y el apéndice era muy necesario. Hoy solo sirve como un almacén de bacterias que salen del intestino.

Amir también señala como otro buen rastro de la evolución las muelas de juicio, que eran usadas por nuestros antepasados para procesar carne y cereales crudos.

El estudio del Boston College también dedica unas líneas al coxis. La última vértebra de la espina humana son los restos de una cola con la que los primates mantenían el equilibrio. De hecho, algunos embriones se gestan con una pequeña cola y hasta algunas bebés nacen con ella, una parte del cuerpo que es removida en las primeras horas de vida.

Según recoge Vox, la piel de gallina también es una herencia de la evolución. Esta reacción natural al frío, el miedo o la emoción proviene de nuestros antepasados animales, que aprovechaban esta reacción corporal para parecer más grandes y fuertes ante cualquier amenaza externa o generar más aislamiento térmico en bajas temperaturas cuando los cuerpos estaban completamente cubiertos de pelos.

Por último, tenemos tres músculos sobrantes en la oreja de los que no podemos sacar mucho movimiento. Se estima que solo el 15% de los humanos puede mover sus orejas. En el pasado, los mamíferos anteriores al hombre movían sus orejas como el resto de los animales para detectar fuentes de sonido en la noche, donde la visión es reducida. Hoy, apenas pueden responder a los reflejos.

 


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