Una década después, el caso tiene al principal sospechoso preso y a otro condenado por encubrir el asesinato.
Este 28 de diciembre se cumplió una década del asesinato en Uruguay de la adolescente argentina Lola Chomnalez. El caso tuvo varios fiscales, cientos de indagados y finalmente dos condenados.
Era diciembre de 2014, hace 10 años. Lola, una adolescente argentina de 15 años, caminaba por Aguas Dulces (Rocha) tras haber llegado de Argentina a la casa de su madrina en Valizas. Desapareció y a partir de ahí el caso comenzó a resonar desde el pequeño pueblo de pescadores donde vacacionaba la joven hasta llegar a todo Uruguay y también cruzar el charco.
Policía, Prefectura y familiares comenzaron a buscar a Lola, que solo se sabía que había salido a caminar por la playa con su mochila. Finalmente, el 30 de diciembre un pescador encontró el cuerpo a seis kilómetros de Valizas.
Lola había sido asesinada y así lo determinó la autopsia. A partir de ahí, y a lo largo de los meses, comenzaron los detenidos, los interrogatorios y una historia llena de idas y vueltas, con más dudas que certezas. Hubo cientos de personas indagadas, cambio de fiscales, de jueces y de investigadores policiales durante el proceso de investigación por el crimen. Sus padres venían a Uruguay y volvían a Argentina; siempre con la esperanza de encontrar justicia.
El primer paso hacia la justicia fue la detención de Ángel morería, apodado “el Cachila”, quien en su momento era el único señalado por el crimen, pero la investigación sobre él también se llenó de idas y vueltas: que fue el autor, que estuvo en la escena, que no estuvo, todas las hipótesis se plantearon en torno a él, que dijo que la había visto, pero negaba tener relación con el crimen.
“El Cachila” fue procesado, luego fue absuelto y terminó finalmente condenado por un delito de encubrimiento. Pero la verdadera justicia llegó muchísimos años más tarde y fue cuando cayó David Sena, en 2022. Fue gracias al trabajo de la genetista Natalia Sandberg, que cambió la forma de investigar el caso.
La Policía tenía muestras de sangre en las pertenencias de Lola, pero esa sangre no se podía cotejar con ningún criminal de la base de datos de la Policía. Sandberg propuso cambiar el foco de búsqueda en el software de la base de datos del registro nacional de huellas genéticas.
La genetista comenzó a buscar en la línea materna de la sangre hallada para encontrar a alguna persona. Y sí apareció el ADN de una persona. Un hermano por parte de madre del asesino. La investigación giró entonces hacia David Sena, un hombre con antecedentes por violación y lesiones.
Fue detenido y luego condenado ya que se hallaron pruebas que mostraron que fue el asesino de Lola. Fue condenado a 27 años y medio de cárcel, pena que más adelante fue ratificada por un Tribunal de Apelaciones.
A 10 años del crimen, el caso tiene al principal sospechoso preso y a otro condenado por encubrir el asesinato.
