Después de 39 años del estreno de “El Resplandor”, la secuela literaria de Stephen King tiene su versión en cine: “Doctor sueño”

Aquella fue definitivamente una cinta de culto del cine de terror. Esta es una antojadiza continuación con excesos de metraje pero con el beneplácito de su autor.

En 1980, Stanley Kubrick llevó al cine la mente perturbada de Stephen King y a Jack Nicholson a la locura de un hotel abandonado.

El Resplandor, la cinta que el maestro newyorkino filmara consecutivamente tras de Naranja Mecánica y Barry Lyndo, se transformó en una de las más aterradoras películas de culto del género de terror. Sin embargo, su autor, ha pasado décadas defenestrándolo. Kubrick se había salido del libreto lo suficiente como para que el novelista rechazara el proyecto y la crítica lo terminara consagrando.

39 años más tarde, Mike Flanagan, regresa con ‘Doctor Sueño’, la secuela de aquel largo cinematográfico y con el beneplácito de King retomar la historia de antaño. Lo nuevo, aborda la vida de Danny Torrance, aquel niño traumado hoy en la adultez acechado por una tenebrosa familia y atormentado por poderes psíquicos macabros.

Como buena parte de las remakes y secuelas de un clásico, lo que sigue no es tan prometedor aunque las comparaciones no debieran venir al caso.

Es claro que King no era quien es hoy, ni Kubrik podría repetir tal hallazgo. Pero la continuidad de la trama hace mirar atrás para entender de qué estamos hablando. La conexión entre ayer y hoy es necesaria y Flanagan lo ha hecho sin costuras a la vista para unir presente y pasado. Hay momentos de remake, otros claramente de secuela y adaptación del nuevo texto literario.

Torrance, el personaje atormentado y alcohólico que a los 48 compone Ewan McGregor, se contacta con Abra Stone, su amiga por correspondencia psíquica, una preadolescente a quien debe rescatar de un grupo macabro el True Knot  que lidera Rose the Hat, la casi ridícula villana que interpreta Rebecca Ferguson que inhala los vapores del miedo y el dolor de quienes está asesinando. Una especie de vampiro que en vez de sangre absorbe la exhalación trágica del desenlace.

Esta innecesaria y extensa secuela de terror, que al menos esquiva los golpes bajos o el sobresalto recogedor se ajusta al texto de la secuela de King y recurre, mal que le pese al autor, a muchas de las referencias visuales planteadas por Kubrick en el pasado.

No es spoiler advertir que los más veteranos reconocerán los pasillos del Hotel Overlook, la paleta de colores de John Alcot, y varias de las criaturas de antaño: Jack, Wendy, Danny, el viejo Dick Hallorann, las gemelas o la tétrica anciana de la bañera.

En conclusión, una película de género que no asusta pero espanta y que evoca la risa en diálogos disparatados incluso cuando cae el hacha.

Dura 2.30hs y es apta para mayores de 18 años.


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